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LOS VALIENTES ANDAN SOLOS (1962) de David Miller

A comienzos de los 60, el cine de Hollywood comenzó a interesarse por el personaje del vaquero inadaptado, un tipo rudo y con un código ético desfasado incapaz de seguir y aceptar la constante evolución de la época en que vive. A la sombra de Vidas rebeldes (The Misfits, 1961) de John Huston -posiblemente el gran film sobre el tema, una maravilla aún más mitificada por todo lo que ocurrió tras su rodaje-, surgieron películas como la estupenda Los valientes andan solos (Lonely Are the Brave), no demasiado famosa, probablemente, porque anda perdida en medio de una filmografía, la de David Miller, que en líneas generales no es precisamente para tirar cohetes.

El protagonista de la historia es Jack Burns (Kirk Douglas), un vaquero que en plenos años 50 continúa a lomos de su yegua atravesando pastos vallados, carreteras y fronteras vigiladas, ajeno completamente a unas leyes que no van con él. Enterado de que Paul, un antiguo amigo, ha sido encarcelado por ayudar a unos inmigrantes ilegales, acude a Nuevo Méjico para ayudarle a fugarse, pero una vez en la cárcel se da cuenta de que su amigo ya no es el rebelde que era y que prefiere cumplir la condena para no tener que abandonar a su mujer y su hijo. Jack se escapa, pero la policía y el ejército emprenden una caza del hombre a través de las montañas.

Los valientes andan solos es un proyecto personal de Kirk Douglas, actor que llegó a controlar muchos de los films en los que participó y que incluso fundó su propia productora. Aquí encarna a un personaje cínico, bravucón y desencantado, una especie de Quijote que lucha por la justicia contra helicópteros y camiones en lugar de molinos de viento, pero que se sabe impotente ante una época que ya no es la suya y que irremediablemente acabará venciéndole. Él es el vértice absoluto sobre el que gira la película, pero Dalton Trumbo, en otro de sus magníficos y simbólicos guiones protagonizados por un rebelde que se enfrenta a la sociedad -en esta ocasión, adaptando una novela de Edward Abbey-, no se olvida de dar sus grandes momentos a los otros dos personajes principales: el sheriff interpretado por Walter Matthau, tan cínico y desencantado como Jack, al que se ve obligado a perseguir pero sin demasiados deseos de atraparle, y la esposa de Paul (una principiante y maravillosa Gena Rowlands), de quien Jack, faltaría más, continúa aún enamorado. La escena en que ambos se despiden definitivamente antes de que él emprenda su huida hacia las montañas, ese gesto cómplice e instintivo de tocarse el cabello que quizá recuerda otros momentos compartidos, es ya -sin olvidarnos del tremendo final en la carretera bajo la lluvia nocturna- motivo suficiente para ver esta película injustamente poco conocida.

Editada en DVD por Suevia.

OPENING NIGHT (1977) de John Cassavetes

El día tres nos dejó Ben Gazzara, uno de esos grandes actores a los que no suelen llegar los focos pero que mejoraba con su presencia y su sonrisa socarrona cada película en la que participaba. Su primer gran papel fue a las órdenes de Otto Preminger en su obra maestra Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, 1959) y más adelante destacó sobre todo en sus trabajos para Peter Bogdanovich y para su amigo y compañero de juergas John Cassavetes.

        Opening Night me parece la mejor película que rodaron juntos y, ante todo, la gran obra maestra que nos ha dejado el cine sobre el mundo del teatro junto a Eva al desnudo (All About Eve, 1950) de Mankiewicz. Pedro Almodóvar, a quien le encantan ambas películas, las homenajeó en Todo sobre mi madre (1999), llegando a recrear por completo una de las mejores escenas del film de Cassavetes, aquella en que una joven, tras conocer a la gran actriz a la que admira, es atropellada bajo la lluvia. Uno de esos fragmentos que dejan con la boca abierta y que, por sí solo, debería animar a conocer la filmografía de su autor. 

        Junto a Gazzara y Cassavetes, que interpretan, respectivamente, al director y a uno de los actores de una obra de teatro titulada significativamente The Second Woman, la gran estrella de la función es Gena Rowlands, esposa de Cassavetes en la vida real y una de mis actrices preferidas. Ella es en la ficción Myrtle Gordon, una famosa actriz alcoholizada y que no puede aceptar la pérdida de la juventud, incapaz de separar su propia vida de la del personaje al que interpreta, y menos aún tras la muerte de su admiradora. La cámara de Cassavetes la persigue, la abraza, se pega a su mirada y a su piel consciente de lo que la actriz puede darle, como si quisiera unir para siempre a Myrtle con Gena, haciéndolas inseparables, un solo personaje y una sola actriz, mientras nos muestra los entresijos del teatro, la otra cara oculta tras el telón.

        Deudora, claro, de Eva al desnudo, pero también, me parece, de buena parte del cine de Bergman, Opening Night, como casi toda la filmografía de Cassavetes, en su homenaje al teatro y al oficio de actuar destila sinceridad, pasión y verdad como pocas veces hemos visto en una pantalla.

                 Editada en DVD por Avalon-Filmoteca FNAC.