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LA MUJER DE MARTIN GUERRE de Janet Lewis / EL REGRESO DE MARTIN GUERRE (1982) de Daniel Vigne

Hace unos pocos años pudimos descubrir en nuestro país a una gran escritora estadounidense llamada Janet Lewis, gracias a que la editorial Reino de Redonda publicó sus novelas La mujer de Martin Guerre (The Wife of Martin Guerre, 1941), El juicio de Sören Quist (The Trial of Sören Quist, 1947) y El fantasma de Monsieur Scarron (The Ghost of Monsieur Scarron, 1959), inspiradas por la lectura del libro titulado Famous Cases of Circumstancial Evidence, una antología de casos verídicos en los que se dictaron sentencias judiciales a partir de pruebas, al parecer, no demasiado concluyentes. En junio de este mismo año, las tres obras han vuelto a publicarse agrupadas en un solo volumen bajo el título Casos de pruebas circunstanciales, casi 900 páginas de una prosa elegante, fluida, exquisita, más cercana a la de las grandes novelas del siglo XIX que a la que nos trajeron las nuevas técnicas narrativas del XX.

La historia que nos cuenta La mujer de Martin Guerre -citada incluso por el gran Michel de Montaigne en uno de sus ensayos- probablemente sea, gracias al cine, la que nos resulte más conocida. Acaecida en el siglo XVI en un pueblo francés, sus protagonista son Bertrande de Rols y Martin Guerre, dos jóvenes casados desde los once años por un acuerdo entre sus familias. Años después de la boda, Martin, cansado de la tiranía de su padre, abandona a su esposa y a su hijo y huye del pueblo. Después de pasar varios años en la guerra y de conocer la noticia de la muerte de su padre, Martin vuelve a su casa dispuesto por fin a ser el cabeza de familia, pero tras un tiempo de felicidad Bertrande comienza a sospechar que el hombre que regresó junto a ella no es el joven con el que se casó, sino un impostor.

A lo largo del verano, poco a poco la sombra fue creciendo en su mente. Luchó contra ella en vano. Su sospecha se vio fortalecida de mil pequeñas maneras; tan nimias, que la avergonzaba mencionarlas. Pensó en hablar de ello al confesarse, pero se contuvo, diciéndose: “El cura pensará que estoy loca”.

Pero la idea le pesaba en la mente y un día tras otro siguió dándole vueltas al asunto, volviendo sobre sus pasos como un animal acosado, tratando de evitar el descubrimiento que sabía que la estaba aguardando. Pero conforme fue pasando el tiempo, se vio cada vez más y más abocada a la obligación de admitir que desvariaba sin remedio, o de reconocer que estaba aceptando de forma consciente como marido a un hombre al que creía un impostor. Si hubiera estado en su mano poder escoger, a no dudarlo habría preferido estar loca. Durante días, y luego semanas, se apartó como enfebrecida de lo que en su fuero interno sentía que era la verdad, diciéndole a su alma atormentada que lo hacía para proteger la seguridad de sus hijos, de su familia, desde el tío Pierre hasta el más pequeño de los pastores, hasta que, por último, una mañana que estaba sentada sola, hilando, la verdad se le presentó por fin, fría e ineludible.

Traducción de Antonio Iriarte.

Publicada por Penguin Random House.

De las dos películas inspiradas en la historia real de Martin Guerre y su esposa, la prescindible Sommersby (1992) quizá sea la más conocida. Dirigida por Jon Amiel y protagonizada por Richard Gere y Jodie Foster, trasladaba la acción a la Guerra de Secesión norteamericana.

Mucho más interesante, con una excepcional ambientación de la época, me parece El regreso de Martin Guerre (Le retour de Martin Guerre), la película en que se inspiró el remake de Amiel, dirigida por Daniel Vigne y con unos estupendos Gérard Depardieu y Nathalie Baye en los papeles de Martin y Bertrande. A raíz de lo que podemos leer en sus títulos de crédito, el guion -escrito por el propio Vigne y Jean-Claude Carrière, colaborador habitual de Buñuel- no tiene en cuenta la novela de Lewis e introduce, con respecto a la versión de esta, sustanciales cambios en torno a la actitud de Bertrande respecto a su marido.

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ESCÁNDALO EN PARÍS (1946) de Douglas Sirk

Antes de filmar los grandes melodramas por los que consiguió un tardío e insuficiente reconocimiento, el cine de Douglas Sirk recorrió toda clase de géneros, pasando del western a las aventuras, del policiaco a la comedia. Entre estos dos últimos se sitúa la única película de Sirk que creo que aguanta la comparación con las obras maestras del final de su carrera: Escándalo en París (A Scandal in Paris), basada en las memorias de François Eugène Vidocq, un ladrón francés del siglo XVIII que abandonó su carrera al margen de la ley para convertirse en jefe de la policía, personaje que retomó muchos años después el director Pitof en Vidocq (2001), un film estéticamente abrumador pero vacío de todo lo demás, protagonizado por Gérard Depardieu. 

        Aquí es George Sanders, con su elegancia a prueba de bomba y su eterno gesto imperturbable (Javier Marías lo calificó en cierta ocasión como “el hombre que parecía no querer nada”), quien interpreta al granuja Vidocq, secundado por el gran Akim Tamiroff en el papel de su ayudante Èmile, una suerte de Sancho Panza más rebelde y ambicioso que el que recreó para su amigo Orson Welles, cuya familia, un variopinto grupo de ladrones que anticipan en cierto modo los que poblaron más adelante muchas comedias españolas e italianas, se les unirá para llevar a cabo el atraco a un banco. Pero entonces el amor se cruzará en el camino de Vidocq…

        Elegantísima y desbordante de ingenio en todas y cada una de sus escenas, repleta de situaciones y diálogos en los que el doble sentido y la ironía campan a sus anchas buscando continuamente la complicidad del espectador, Escándalo en París es una de esas películas en las que la palabra y la puesta en escena van absolutamente de la mano, logrando una perfecta comunión que hasta el mismísimo Lubitsch habría firmado. Sin renunciar a muchos de los temas que desarrollaría definitivamente en sus melodramas (la tradición, las apariencias, la suplantación de identidad, los giros del destino…), Sirk nos demostró, con esta pequeña maravilla, que también sabía hacernos sonreír.

               Editada en DVD por Regia Films.