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DOCTOR GLAS de Hjalmar Söderberg

A los amantes del cine de Dreyer probablemente les suene el nombre de Hjalmar Söderberg por ser el autor de la obra teatral, publicada en 1906, en que se basó Gertrud, la última obra maestra del cineasta danés. Escritor polémico donde los haya, considerado, junto a Strindberg, como uno de los grandes de la literatura sueca de finales del XIX y principios del XX, es también el autor de la novela Doctor Glas (1905), una maravilla que fue llevada al cine por el director Per Oscarsson en 1968. Desconozco el film de Oscarsson, pero mientras leía la novela la imaginaba adaptada por Dreyer recordando las imágenes de Gertrud. Sus personajes, de una tremenda modernidad para la época, presentan varios rasgos en común, y la contención formal con que ambas se nos presentan acentúa, aún más si cabe, la absoluta desolación que guardan sus historias.  

“Ahora estoy junto a la ventana abierta y escribo esto. ¿Para quién? No para ningún amigo ni ninguna amiga, y apenas para mí mismo, ya que no leo hoy lo que escribí ayer, ni voy a leer esto mañana. Escribo simplemente para mover la mano, porque el pensamiento ya se mueve por su cuenta; escribo para matar unas horas de insomnio. ¿Por qué no consigo dormir? Después de todo, no he cometido ningún crimen.

        Lo que escribo en estas páginas no es una confesión. ¿A quién iba a confesarme? Tampoco cuento todo lo mio. Solo cuento lo que me gusta contar, pero no digo nada que no sea verdad. Con mentiras no voy a auyentar la infelicidad de mi alma, suponiendo que sea infeliz.

        Fuera, la inmensa noche azul se cierne sobre los árboles del cementerio. Ahora la ciudad está silenciosa, tan silenciosa que los suspiros y los murmullos de abajo suben hasta aquí, y ocasionalmente brota una risa canalla. Me parece que en este momento nadie en el mundo está tan solo como yo. Yo, el licenciado en medicina Tyko Gabriel Glas, que a veces ayudo a otros pero no he podido nunca ayudarme a mí mismo, y que, a los treinta años cumplidos, nunca he estado junto a una mujer.”

        Este Doctor Glas que se dispone a contarnos su historia es un personaje solitario y complejo, un médico de posición acomodada que guarda las apariencias mientras reniega en el fondo de la moral que impera en la sociedad y acepta el aborto, la eutanasia e incluso el crimen si cree que están justificados. Enamorado de una de sus pacientes, se propone asesinar al marido (un tipo mucho mayor que ella, que se nos presenta como despreciable, pero sólo desde el punto de vista del médico y de la esposa, sin que se nos presenten pruebas de ello) para que ésta pueda casarse con su joven amante y encontrar la felicidad. Tras el crimen el amante la abandona, casándose con otra, y el Doctor Glas será incapaz, en su complejidad, de confesarle su amor, de ayudarse a sí mismo. Ambos, como Gertrud en el film de Dreyer, acabarán refugiándose en su soledad, descrita por Söderberg con una sencillez que nos desarma y que supone un broche de oro para esta extraordinaria novela.

        “El otoño devasta mis árboles. El castaño frente a la ventana está ya desnudo y negro. Por encima de los tejados corren nubes en apiñados rebaños, y nunca veo el sol.

        He comprado cortinas nuevas para el despacho: enteramente blancas. Al levantarme esta mañana pensé un momento que había nevado: la luz tenía exactamente la misma calidad de después de la primera nevada. Y me ha parecido oler el aroma de la nieve recién caída.

        Pronto llegará, la nieve. La sentimos en el aire.

        Será la bienvenida. Que llegue. Que caiga.”

                     Traducción de Gabriel Ferrater.

                     Publicada por Ediciones Alfabia.

CARL THEODOR DREYER: MI OFICIO

Estoy sentado en un teatro. Frente a mí se abre una pesada cortina. Las luces se apagan y en la pantalla brota una historia. Puede que me haga reír, o llorar. Puede que ría con lágrimas en los ojos, puede que llore con una sonrisa en la boca. Me elevo en el tiempo y el espacio y olvido la monotonía, hasta que se rompe el hechizo.

        El cine es mi única gran pasión. (Carl Theodor Dreyer)

El documental Carl Theodor Dreyer: mi oficio (Carl Theodor Dreyer: min metier, 1995), dirigido por Torben Skjodt Jensen, repasa la filmografía del cineasta danés desde su debut con El presidente (Praesidenten, 1919) hasta el estreno en París, acompañado por los cineastas franceses que le admiraban, con Truffaut y Godard a la cabeza, de Gertrud (1964), su última película.

        Apoyándose en las imágenes de sus obras, los testimonios de los actores y actrices que trabajaron con él y las jugosas anécdotas que cuentan, la presencia y la voz en off del propio cineasta hablando sobre su forma de filmar y sobre sus proyectos frustrados (entre ellos, la filmación de Medea, que acabó haciendo Lars Von Trier, y de la vida de Jesucristo), y un montaje fabuloso que recrea el ritmo de su cine, se centra en sus películas más famosas y en los largos períodos transcurridos entre ellas, con especial atención, cómo no, para La palabra (Ordet, 1955) y la citada Gertrud, sus dos últimos films, fijos desde hace tiempo en las listas de los mejores de la historia.

        La palabra es la favorita de la mayoría de críticos y aficionados, y la única película sonora de Dreyer que fue un éxito en su momento. Un milagro en sus imágenes y un milagro del cine.

        Gertrud es mi preferida, y uno de mis films imprescindibles. Uno de los grandes retratos que nos ha dejado el arte sobre la libertad y el amor, y sobre la soledad que pueden traer consigo: “Creo en el deseo de la carne y en la irremediable soledad del alma.”

                       Editado en DVD por Filmax.