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LA COSECHA DE DASHIELL HAMMETT (y II)

Sergio Leone inaugura su famosa Trilogía del dólar , en 1964 yeastwood-dolares con un semidesconocido entonces Clint Eastwood, filmando Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari), abanderada de lo que se conocería como spaguetti-western. El filme no se basa en la novela de Hammett sino que bebe directamente de la película de Kurosawa, con el mismo argumento y un pistolero sin nombre, hierático y silencioso, que hace las veces de samurai. Según Leone, su película quería homenajear a Yojimbo, pero la productora japonesa puso una denuncia por plagio. Durante los dos años siguientes el director italiano completaría la trilogía con las superiores La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in pìu, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), dos westerns que son, además, dos grandes comedias.

        En 1990, y con sólo dos películas en su haber, los hermanos Coen van y consigumuerte_entre_las_floresen el que para mí sigue siendo su mejor film, un pedazo de obra maestra titulada Muerte entre las flores (Miller´s crossing). Para ello elaboran una compleja trama que toma prestados elementos tanto de Cosecha roja como de La llave de cristal (The glass key, 1931), otra gran novela de Hammett que ya había sido llevada al cine con el mismo título en 1942, de la mano del director Stuart Heisler y con Alan Ladd de protagonista. Con una ejemplar recreación de la época, unos impresionantes actores con ese monstruo de la interpretación que lm02132es Albert Finney a la cabeza, y una sublime estilización de la violencia (la escena del tirotero con ametralladoras es pura coreografía), los Cohen realizan una tremenda recreación del universo hammettiano y una de las obras clave del cine de los 90. Años más tarde, con El gran Lebowski (The big Lebowski, 1998), logran una de las películas más originales y delirantes del cine americano, una divertidísima burrada que siempre me ha parecido un homenaje paródico a la obra de otro grande de la novela negra, Raymond Chandler. Lástima que lleven tiempo en baja forma. Ni siquiera con un material de primer orden como es la novela de Cormac McCarthy No es país para viejos (No country for old men, 2last_man_standing_ver13005) han conseguido volver a hacer un film a la altura de sus mejores logros de la anterior década. 

        El irregular Walter Hill retoma la historia, en esta ocasión convenientemente acreditada, para dirigir El último hombre (Last man standing, 1996), con un Bruce Willis en su salsa en el papel que interpretaron Eastwood y Mifune, y Cristopher Walken dándole la oportuna réplica. Una magnífica película, con un ritmo que no decae en ningún momento y unas escenas de acción soberbiamente filmadas por un director que demuestra lo gran narrador que es (a veces). 

          Cosecha roja, junto al resto de la obra de Dashiell Hammett, está publicada por Alianza Editorial.

MOONFLEET de John Meade Falkner / HURACÁN EN JAMAICA de Richard Hughes

Robert Louis Stevenson ya había logrado una obra fundamental del género de aventuras y dmoonfleet-i0n209352e iniciación narrándonos las andanzas de John Silver y del pequeño caballero Jim Hawkins en La isla del tesoro (Treasure island, 1883). Años más tarde otras dos novelas, mucho menos conocidas que la del escritor escocés pero con poco que envidiarle, nos devolvieron lo mejor del género, y ambas también con niño a bordo.

        Heredera directa de la creación de Stevenson es Moonfleet (1898), obra del poco prolífico autor inglés John Meade Falkner (no confundir con el norteamericano Faulkner, perdón por la aclaraciómoonfleet1n) que en su primera edición española se tituló El diamante. En ella John Trenchard nos cuenta, con la nostalgia del que sabe que algo es irrecuperable, la parte de su infancia que pasó junto a Elzevir, dueño de la posada de  Moonfleet y contrabandista, quien se convierte en su padre adoptivo, su amigo y su maestro, le enseña los valores en los que cree, le guía hacia la edad adulta a través de aventuras y peligros y, finalmente, le salva la vida a costa de la suya.

        En 1955 se estrenó la adaptación homónima al cine (en España se tituló Los contrabandistas de Moonfleet, y continúa sin estar disponible en dvd), dirigida por Fritz Lang, quien consiguió realizarimagen una de sus mejores películas, una obra maestra con uno de los más ambiguos y hermosos planos finales que nos haya dejado el cine.

        De 1929 data Huracán en Jamaica (A high wind in Jamaica), escrita por el también inglés Richard Hughes. Disfrazada de novela de aventuras, la historia del capitán Jonsen y su tripulación, de la pequeña Emily y los demás niños  que se encuentran en el barco que abordan, deriva, gracias a un crimen absurdo por el que son condenados injustamente los piratas, en una de las grandes obras sobre la maldad inconscvientoenlasvelasciente de la infancia, sobre la pérdida de la inocencia y la entrada en el mundo de los adultos, dentro de una sociedad naciente en la que los piratas y la aventura ya han perdido su lugar.

        Alexander Mackendrick, director hoy no demasiado recordado pero que ya nos había regalado joyas como El quinteto de la muerte (The ladykillers, 1955)- objeto de un infumable remake cortesía de los hermanos Cohen-, y Chantaje en Broadway (Sweet smell of success, 1957), trasladó a imágenes la novela de Hughes en Viento en las velas (High wind in Jamaica, 1965), logrando una bella y terrible obra de arte.

 Moonfleet, publicada por Ed. Anaya, traducción de Ramón García Fernández.

 Huracán en Jamaica, publicada por Alba Editorial, traducción de Amado Diéguez.