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BAY CITY BLUES de Raymond Chandler

Además de sus grandes novelas protagonizadas por el detective Philip Marlowe, capitaneadas por la imprescindible El largo adiós (The long goodbye, 1953), Raymond Chandler escribió numerosos relatos policiacos que publicaba en revistas como Black Mask o Dime Detective Magazine. Cuatro de ellos están reunidos en el volumen Asesino bajo la lluvia y otros relatos, entre los que destaca Bay City Blues (1938), una gozada protagonizada por el detective Johnny Dalmas, pero en la que secundarios como el patrullero corrupto Al De Spain, el poli de homicidios Violetas M´Gee, y el periodista Muñeco Kincaid le comen la merienda literaria.

        No importa demasiado si uno acaba perdiéndose en la trama (con Chandler no es extraño), porque lo que realmente deslumbra es la descripción de los ambientes, la caracterización de sus personajes, y los diálogos, que son joyas del humor más sarcástico. Y en cuanto a diálogos, a Bay City Blues hay que darle de comer aparte. Chandler está considerado como uno de los grandes de la novela negra, pero debería aparecer también en cualquier antología del humor en la literatura. Sin ir más lejos, la película El sueño eterno (The big sleep, 1946) siempre me ha parecido, antes que una gran obra del cine negro, una de las mejores comedias de Howard Hawks.

        “Apoyé un brazo en el mostrador, y un hombre de paisano sin chaqueta y con una sobaquera que parecía del tamaño de una pata de palo sujeta a las costillas apartó un ojo de su periódico, dijo “¿Sí?” y acertó de lleno en una escupidera sin mover la cabeza ni una pulgada.

        -Busco a un tipo que se llama Muñeco Kincaid -dije.

        -Ha salido a comer. Yo le guardo el sitio -dijo con voz firme y sin emociones.

        -Gracias. ¿Tienen aquí una sala de prensa?

        -Sí. También tenemos retrete. ¿Quiere verlo?

        -Tranquilo, hombre -dije-. No pretendo meterme con su ciudad.

        Hizo sonar de nuevo la escupidera.

        -La sala de prensa está al final del pasillo. No hay nadie. Muñeco estará a punto de volver, si no se ha ahogado en una gaseosa.”

           Traducción de Juan Manuel Ibeas.

           Asesino bajo la lluvia y otros relatos está publicado por Alianza Editorial.

BILLY WILDER, UN HOMBRE PERFECTO AL 60%

El documental Billy Wilder, un hombre perfecto al 60% (Portrait of aunhombreperfecto_dvd “60% perfect” man: Billy Wilder, 1979), dirigido por Annie Tresgot, nos ofrece la entrevista que Michel Ciment realizó al cineasta en su oficina de Santa Monica Bulevard y en su apartamento de Westwood. La cosa no da para mucho, ya que apenas dura una hora, pero siempre es un placer escuchar a un tipo como Wilder contar anécdotas de su vida y su oficio.

        El cineasta que se definió a si mismo como “un hombre perfecto al 60 %” repasa ante la cámara su infancia, sus años en Berlín como periodista -entrevista frustrada a Freud incluida-, sus primeros guiones en Alemania, y su huída a París tras la llegada al poder de los nazis, donde dirige Curvas peligrosas (Mauvaise graine, 1934), con Danielle Darrieux. Una vez en Hollywood, Wilder se suma a la “cadena de montaje” de los guionistas y escribe, entre otras, La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard´s eighth wife, 1938) y Ninotchka (1939) para Lubitsch, Medianoche (Midnight, 1939) y Si no amaneciera (Hold back the down, 1941) para Mitchell Leisen, y Bola de fuego (Ball of fire, 1941) para Hawks. Pasa entonces a comentar su debut como director, sus relaciones con los actores, su colaboración con el director artístico Alexandre Trauner, o cómo nacieron algunos de sus proyectos, como El apartamento (The apartment, 1960), cuya idea original parte del film de David Lean Breve encuentro (Brief encounter, 1945). Y como regalo aparecen de vez en cuando Walter Matthau y Jack Lemmon contando anécdotas de su relación con Wilder y, de paso, haciendo un poco el ganso, lo cual siempre se agradece.

          Editado en DVD por Suevia.  

 

ARCADIA TODAS LAS NOCHES de Guillermo Cabrera Infante

La Arcadia, aparte de ser una zona de Grecia y de aparecer ya en la mitolo20092165221imagen001gía, hace referencia a un país imaginario que la poesía, a partir del Renacimiento -Garcilaso, Cervantes, o Lope de Vega en su novela La Arcadia (1598)-, tomó como modelo de lugar idílico, de paraíso, donde la tranquilidad, la paz y la felicidad reinan eternamente. Algo así como lo que  para un cinéfilo sería ver las grandes obras maestras.

        En 1962, el escritor y crítico de cine (y escritor de cine) cubano Guillermo Cabrera Infante pronunció en La Habana una serie de conferencias sobre la obra de cinco monstruos del celuloide: Orson Welles, Alfred Hitchcock, Howard Hawks, John Huston y Vincente Minnelli, como prólogo a la emisión de varias de sus películas. En esos textos, que cobraron forma de libro en Arcadia todas las noches (1978), Cabrera Infante no sólo escribe -y muy bien- sobre el cine de estos geniales directores, sino que además nos ayuda a interpretar y comprender sus films -aunque no siempre estemos de acuerdo con sus opiniones-, y consigue, en fin, hacer gran literatura, arte sobre el arte.

        No por casualidad, Cabrera Infante termina la última conferencia -la de Minnelli- refiriéndose a Brigadoon (1954), esa maravilla del musical que nos habla de un pueblo donde la gente vive en paz y todo es alegría y felicidad (y fabulosas canciones), y que sólo aparece en la Tierra una vez cada cien años y sólo durante un día. El personaje interpretado por Gene Kelly encontrará en él su Arcadia particular (y a Cyd Charisse, lo cual ayuda bastante), y nosotros, en películas como ésta, la nuestra.

                Publicado por Ed. Alfaguara.