Archive for the ‘Jacobo Siruela’ Tag

LA BELLA QUE SALUDA de Oliver Onions

Oliver_Onions_001En la Antología universal del relato fantástico (2013), editada por Jacobo Siruela, junto a cultivadores del género conocidos por todos como Borges, Cortázar, Poe o Henry James encontramos también autores demasiado olvidados y apenas publicados en español cuya recuperación es, en mi opinión, la aportación más sobresaliente del libro. Uno de ellos, Oliver Onions, está representado en la antología por la que para algunos es una de las mejores historias de fantasmas jamás escrita: “La bella que saluda” (The Beckoning Fair One), publicada originalmente en la colección de relatos Widdershins (1911).

9788494094163Su protagonista es Paul Oleron, un escritor que alquila una misteriosa y destartalada casa para poder terminar con la tranquilidad necesaria la novela en la que está trabajando, cuyo personaje principal es -detalle importante- una mujer. Pasado un tiempo, comienza a sentir una presencia femenina en la casa que al principio le intriga y que paulatinamente llegará a obsesionarle y a ocupar todo su tiempo hasta, finalmente, trastornarle con trágicas consecuencias.

Escrito con la elegancia habitualmente presente en las mejores muestras del género, sobre todo del siglo XIX y principios del XX, “La bella que saluda” -título que remite al de una antigua canción que Oleron comienza a silbar sin haberla oído nunca- es un extenso y desasosegante relato en el que la aparición fantasmal cede el protagonismo a los efectos que causa en el protagonista y en su relación con los demás y cuya extraordinaria ambigüedad nos permite diferentes interpretaciones que lo enriquecen definitivamente.

La habitación estaba como siempre. Prendió una segunda cerilla. Había una vela sobre la mesa. La encendió, la llama se hundió un instante y después brilló con claridad. De nuevo Oleron miró a su alrededor.

No había nada.

No había nada, pero había habido algo, y quizá todavía seguía allí. Antes, Oleron habría sonreído ante el pensamiento fantasioso de que, por la unión y la interacción de identidades entre él mismo y su precioso lugar, podía estar preparando a un fantasma en el futuro. No se le había ocurrido que podría haberse producido una unión, una coalescencia similar en el pasado. Pero ahora se enfrentaba cara a cara con esta asombrosa imposibilidad. Había algo que persistía en la casa. Tenía un inquilino aparte de él mismo. Fuera persona o cosa, había horrorizado el alma de Oleron produciendo el sonido de una mujer peinándose el cabello.

Traducción de Arturo Peral Santamaría.

Publicado por Ediciones Atalanta.

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PÁGINAS DEL DIARIO DE UNA JOVEN de Robert Aickman

15 de octubre. Anoche abrí uno de los ventanales (el otro se me resiste, dado lo débil que estoy, según los parámetros de este mundo) y, sin asomarme, me detuve desnuda y alcé los dos brazos. No tardó en oírse el rumor de una suave brisa, allí donde todo había estado inmóvil como la muerte. El rumor pronto se convirtió en un rugido y el fresco de la noche se transformó en calor, igual que cuando se abre la puerta del horno. Se oían llantos, gritos, zumbidos, chillidos y arañazos que ascendían en un remolino por la ventana abierta, como si unos cuerpos invisibles (o casi invisibles) giraran sin cesar en el aire, sin dejar de lamentarse y lanzar reproches. Los tristes sonidos me hendían la cabeza, al tiempo que tenía el cuerpo tan húmedo como una otomana. De repente, todo pasó. Él estaba ante mí, en la penumbra del alféizar de la ventana. “Eso es el amor, tal como lo conocen los elegidos de este mundo”, dijo.

“¿Los elegidos?” imploré en una voz tan tenue que casi no era ni voz (¿pero qué más daba?). “Claro que sí”, pareció conformar.  “De este mundo, los elegidos.”

35-Aickman-National-Portrait-GalleryCuentan las buenas lenguas que Robert Aickman es el gran autor británico de literatura fantástica de la segunda mitad del siglo XX, y a tenor de lo que de él he leído no puedo estar más de acuerdo; pero también creo que a Aickman la etiqueta le queda pequeña y que por su culpa es probable que los lectores poco aficionados al género hayan dejado escapar a un escritor extraordinario y distinto, muy distinto.

Su obra ha sido difundida desde hace unos años en nuestro país por la editorial Atalanta, mediante la publicación de la antología titulada Cuentos extraños (Strange Stories, 2008) -un conjunto de narraciones que poco o nada tienen que ver con el terror, que no recurren a golpes de efecto, a hechos escabrosos o a criaturas monstruosas para crear el desasosiego en el lector, sino a atmósferas, sueños y situaciones fuera de lo común, descritas con una prosa exquisita, que irrumpen en la realidad de los personajes y pasan a formar parte de ella- y la inclusión del relato “Páginas del diario de una joven” (Pages from a Young Girl’s Journal, 1973) en el volumen Vampiros, una selección de la literatura en torno al mito editada por Jacobo Siruela. El relato pasó a formar parte del libro Cold Hand in Mine, publicado en 1975, y ese mismo año ganó el World Fantasy Award.

Cubierta VampirosLa protagonista de esta singular historia es una muchacha que, a principios del siglo XIX -en sus páginas aparecen brevemente Byron y Shelley- acompaña a sus padres en un viaje por Italia. Gracias a su diario, conocemos sus impresiones sobre las personas y los ambientes que la rodean, su encuentro con un misterioso hombre y su paulatina transformación en un ser diferente. Aickman, magistralmente, va introduciendo los síntomas, reflejados sobre todo en los cambios en el carácter y en la percepción de los demás personajes por parte de la protagonista, de manera natural, como una parte más del día a día de la joven, hasta llegar a unas últimas páginas maravillosamente sobrecogedoras, maravillosamente escritas. Por sí solas, deberían bastar para abrir los ojos a quienes aún piensan que el género fantástico pertenece, por naturaleza, a una segunda división literaria.

17 de octubre. (…) Toda la piazza, que es muy grande, estaba llena de lobos enormes de pelo gris; no hacían más ruido que los pequeños rumores que he mencionado; todos ellos tenían la lengua colgando, negra bajo la luz plateada, y todos miraban hacia mi ventana.

Rímini está cerca de los Apeninos, donde es bien sabido que hay muchos lobos y que con frecuencia devoran algún bebé o un niño pequeño. Supongo que el frío incipiente los acerca a las poblaciones.

Les dirigí una sonrisa. Después crucé las manos sobre mi menudo pecho y les hice una reverencia. Ocuparán un lugar destacado entre mi nueva familia. Mi sangre será suya y la suya será mía.

Traducción de Carmen Francí.

Publicado por Atalanta.