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LA EVASIÓN de José Giovanni

Tras un pasado delictivo que a punto estuvo de terminar con su cuello bajo la guillotina, Joseph Damiani aprovechó sus experiencias y las de algunos compañeros de fechorías para escribir novelas y guiones bajo el seudónimo de José Giovanni. Más adelante hizo también carrera como cineasta, pero esta faceta, a tenor de las películas suyas que he visto, me parece mucho menos interesante que la de escritor.

Su primera novela, y la que le abrió las puertas del éxito, fue La evasión (Le trou, 1957), a la cual siguieron otras tres en 1958, una de ellas, la estupenda Hasta el último aliento (Le deuxième souffle), con la que el cineasta Jean-Pierre Melville realizó una de sus varias obras maestras.

La evasión cuenta la historia verídica de cinco compañeros de celda (Manu, Roland, Maurice, Geo y Monseñor) que organizan una fuga de la prisión para la que cavan un túnel subterráneo que los llevará a las alcantarillas de la ciudad y de ahí a la libertad. Con un estilo austero y directo, poco literario si se quiere, se centra, por un lado, en el aspecto moral, en la amistad y la camaradería entre estos cinco hombres que han de compartirlo todo en pocos metros cuadrados y en la posibilidad de una traición imperdonable; por otro, en la descripción hasta el mínimo detalle de todos los aspectos relacionados con el plan de fuga: los muñecos de cartón que han de hacer para que los suplanten durante las rondas nocturnas, las herramientas rudimentarias que crean para cavar, picar y serrar, el descomunal trabajo físico y los accidentes que casi llevan a la muerte a algunos de ellos…

Además de que nos proporcione una magnífica lectura de primera mano sobre un tema no demasiado presente en la novela negra, a La evasión hay que agradecerle sobre todo que sin ella no existiría la que para mí es una de las obras maestras imprescindibles del cine francés, la última película que dirigió el gran Jacques Becker, con la colaboración del propio Giovanni en el guion y de su hijo Jean Becker como ayudante de dirección. Adaptación fiel a la novela, con algunos cambios en la caracterización de los personajes y la eliminación de algunas escenas sin excesiva importancia, supone uno de los más claros entre los muchos ejemplos que rebaten el tan manido como falso tópico de que el libro siempre es mejor que la película.

-Mañana será otro día -dijo Geo.

Esa noche, la máxima sólo a él le invitaba al sueño. Se  dio la vuelta hacia la pared, mientras Monseñor daba rienda suelta a una necesidad incontrolable.

-Todo esto nos está ocurriendo para que lo recordemos con más fuerza -dijo-. Tengo un abogado, casi un amigo después de tanto tiempo, que conoce mi vida mejor que yo. En una vida hay señales, llamadas, y los que no las escuchan nunca llegan a ser felices, me ha dicho con frecuencia.

-¿Nunca has sido feliz? -preguntó Willman.

-Tengo que remontar lejos para encontrar un poco de felicidad -prosiguió Monseñor-. He pensado mucho últimamente. Me parece que desde que saqué un revólver del bolsillo, nunca más volví a ser feliz.

Manu pensó en una frase de Dostoievski: “Amigo mío, no se puede vivir plenamente sin piedad”.

Escuchaban a Monseñor con una especie de angustia; presentían que nunca volvería a ser feliz, ni tendría paz en la tierra, y que lo sabía. Volvería a empuñar el revólver. Todas las cartas estaban sobre la mesa respecto a ese tema. Sufría los caprichos de una rodada profunda, como quedan marcadas en los caminos después de una helada.

Traducción de Esperanza Martínez Pérez.

Editada por Akal.

UNA PARTIDA DE CAMPO (1936) de Jean Renoir

En el año que empieza se cumplirá el treinta aniversario de la muerte de Jean Renoir, el má12s prestigioso cineasta de la historia del cine francés ( sólo un prematuramente desaparecido Jacques Becker, aunque tuvo tiempo de dejarnos varias obras maestras, puede hacerle sombra). De entre su impresionante filmografía tres son las películas que suelen aparecer en las listas: La gran ilusión ( La grande illusion, 1937), La regla del juego ( La règle du jeu, 1939), y El río ( The river, 1950). En mi opinión se olvidan de los apenas cuarenta minutos más hermosos que filmó el director galo: Una partida de campo ( Une partie de campagne), adaptación del cuento homónimo de Guy de Maupassant.

         A partir de la visión de la naturaleza y de la relación de los personajes con ella que mostraron los pintores impresionistas franceses ( p.e. la escena de Henriette columpiándose recuerda al cuadro El columpio ( 1876), obra de Auguste Renoir, padre del cineasta), la película nos regala lo que en principio parece un cotidiano día de campo ( el momento en que abren la ventana de la posada para que entre la naturaleza es un ejemplo impresionante de puesta en escena) y que termina siendo la historia de una vida frustrada y de un amor perdido. Los momentos finales del film son inolvidables. La escena de amor junto al río; el rostro de Henriette en el momento de la entrega; el reencuentro fugaz de los amantes confesándose que siempre recordarán ese instante: secuencias que permanecerán siempre en la memoria cinéfila.  

          Como contemplar El grito de Munch; como leer Las puertas del cielo de Cortázar; como ver y escuchar a Jacques Brel cantando Ne me quitte pas, zambullirse en las imágenes de esta película supone una experiencia breve pero intensísima. Cuando el arte nos lo alcanzan las manos de genios como Renoir no son necesarios noventa minutos para amortizar el precio de la entrada.

          Editada en DVD por Filmax.

          ¡ Feliz 2009 a todos !!!!!!!!!!!!!!!