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EL EXPERIMENTO DEL DR. QUATERMASS (1955) de Val Guest

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Desde su primera aparición en la serie televisiva de 1953 dirigida por Rudolph Cartier, el Dr. Quatermass y su lucha contra las fuerzas alienígenas no han dejado de regresar esporádicamente tanto a la pequeña como a la gran pantalla; la última vez, en otra serie de 2005.

El film que nos ocupa es probablemente el más conocido sobre el personaje, una pequeña joya producida por la Hammer que brilla sobre todo en el aspecto visual, en la forma como Val Guest resuelve varias de sus escenas inspirándose, eso sí, en clásicos del género.

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En cuanto al argumento, poca cosa: una nave que había sido enviada al espacio en misión de reconocimiento se estrella al regresar a la tierra y en su interior solo aparece uno de sus tres ocupantes, con aspecto de haber sido infectado e incapaz de comunicarse. Tras examinarlo en un hospital, el Dr. Quatermass (Brian Donlevy) sospecha que ha sido poseído por una fuerza alienígena y ordena mantenerlo bajo vigilancia; pero la imprudente esposa lo ayuda a escapar y el extraño ser comienza a sembrar el pánico entre la población.

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El talento de Guest para la puesta en escena destaca ante todo a partir de la secuencia de la huida, con el asesinato estupendamente filmado del tipo al que ha contratado la esposa para sacar al “marido” del hospital. Tras esta, posiblemente los dos grandes momentos del film con sendos homenajes: el encuentro del monstruo con la niña que juega con su muñeca, en el que nos devuelve ya irremediablemente, si no lo ha hecho antes, a El doctor Frankenstein               (Frankenstein, 1931) de James Whale, y la magistral escena nocturna en el zoo en la que los animales se alborotan al sentir una presencia entre la vegetación, y que hace que regresemos por un instante al universo creado por Jacques Tourneur en La mujer pantera (Cat People, 1942).

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Lástima que al final la película opte por la vía fácil – probablemente, cosas de la productora- y olvide que siempre es mejor sugerir que mostrar, lo cual deja mal sabor de boca pero no consigue empañar una de las cintas más interesantes del fantástico de los años 50.

Editada en DVD por Feel Films.   

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EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (1957) de Jack Arnold

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Tanto James Whale en su obra maestra La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935) como Tod Browning en Muñecos infernales (The Devil-Doll, 1936) nos mostraron, cuando el cine aún echaba mano mucho más del talento y la imaginación que de los medios tecnológicos, lo fascinantes que pueden resultar para el espectador los seres humanos diminutos en una película. Posiblemente inspirándose en esas dos joyas del cine, y añadiendo unas gotas de la tremenda La parada de los monstruos (Freaks, 1932), también de Browning, el gran Richard Matheson publicó en 1956 su novela El hombre menguante (The Shrinking Man), un incontestable clásico del género fantástico.

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Al año siguiente, el guión escrito por el propio Matheson fue llevado a imágenes por Jack Arnold, un cineasta todoterreno acostumbrado a manejarse con bajos presupuestos, que ya había hecho sus pinitos en el género y cuya filmografía probablemente dormiría el sueño de los justos de no ser por El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man).

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Entre Arnold y Matheson dieron a luz una cumbre de la fantasía, una obra maestra de la ciencia-ficción, del cine de aventuras, del cine en general y con mayúsculas. Pero no se quedaron ahí. Sobre todo en su extensa parte final, en la que el pobre Scott, el pequeñísimo Scott que ya apenas es más grande que una cerilla, ha de luchar contra toda clase de peligros domésticos que ponen en peligro su vida y procurarse alimento y agua utilizando para ello toda su inteligencia e imaginación, demostraron que el cine de género, además de entretenernos, también sabe hablarnos de manera profunda de temas como el miedo, la libertad (ahí queda esa imagen para la historia: Scott ofreciendo un pedazo de comida, a través de una reja que para él es como su jaula, a un pájaro mucho más grande que él y que disfruta de su libertad), la soledad de los que son diferentes o lo que supone nuestra existencia en relación con el universo, algo tan ínfimo y tan único a la vez.

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Editada en DVD por Universal.

 

FRANKENSTEIN CREÓ A LA MUJER (1967) de Terence Fisher

Desde finales de la década de los cincuenta, la productora británica Hammer comenzó un ciclo de películas en las que actualizaba los personajes ya míticos que había llevado al cine la Universal en los años treinta. A las desventuras de Drácula, Frankenstein, El Hombre Lobo y La Momia les añadió su fotografía en color, sus maravillosos decorados de cartón piedra y su ambientación inconfundibles, unas gotas de sangre y un punto de erotismo, y con Terence Fisher como director estrella consiguió unas cuantas magníficas películas y algún que otro churro. Frankenstein creó a la mujer (Frankenstein created woman) es una de las mejores y más transgresoras, y lleva a límites alucinantes que podrían haber caído en el ridículo, y no lo hacen, las posibilidades del original de Mary Shelley.

        Con un título quizás tomado del film de Roger Vadim Y Dios creó a la mujer (Et Dieu…créa la femme, 1956) y con el clásico de James Whale La novia de Frankenstein (The bride of Frankenstein, 1935) como claro referente, el film de Fisher añade a los mitos de Prometeo y Pigmalión, ya presentes en la novela y en anteriores adaptaciones, el de Orfeo y Eurídice, para contarnos la historia de una venganza que llega de entre los muertos. Un joven ayudante del Doctor Frankenstein (Peter Cushing, quién si no) es juzgado por el asesinato del padre de su novia y guillotinado. La novia, una chica coja, con el rostro desfigurado y una mano deforme, al ver la ejecución sin poder evitarla, se suicida. Y al bueno del doctor no se le ocurre otra cosa que resucitar a la chica añadiendo a su cuerpo el alma del joven. Pero la cosa se le va de las manos, y la resucitada, ahora guapísima y sin una sola tara, lleva a cabo la venganza contra los verdaderos asesinos de su padre guiada por el alma de su novio. Casi nada.

        Desde la magistral primera escena que sirve de prólogo a la película hasta ese final en el que casi sentimos lástima por la asesina, el talento narrativo de Fisher y los elementos tan característicos de la Hammer consiguen que un argumento totalmente salido de madre llegue a ser una gran película, a medio camino entre el terror y el romanticismo, sobre el odio y la burla hacia lo diferente. Y, sobre todo, una fiesta del más puro entretenimiento.

                Editada en DVD por Manga Films.