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ACTO DE VIOLENCIA (1948) de Fred Zinnemann

act-of-violenceUn hombre que cojea cruza la calle con prisa en dirección al bloque de apartamentos donde vive. Al entrar en el suyo, saca una pistola de un cajón y le introduce un cargador, prepara una bolsa de viaje y se va a la estación de autobuses. Tras un largo viaje, llega a Santa Lisa, en California. Se registra en un hotel y lo primero que hace en su habitación es buscar un nombre en la guía. Cuando lo encuentra, lo rodea con varios círculos a lápiz. En el siguiente plano vemos a un hombre feliz junto a su mujer y su hijo: la comunidad le está ofreciendo un homenaje. Aunque no sea ya necesario, cuando dicen su nombre sabemos que es a quien busca el forastero.

En cinco minutos magistrales conocemos al protagonista, a su antagonista y el conflicto, marca de fábrica de cierto cine americano que contaba con pocos medios y en el que el guionista y el director disponían de poco metraje para contar una historia y contarla bien.

Robert Ryan Act of Violence

Tras este vertiginoso inicio iremos enterándonos de por qué Joe Parkson (Robert Ryan) lleva años siguiendo la pista de Frank Enley (Van Heflin), y junto a nosotros la abnegada esposa de Enley (una jovencísima Janet Leigh) descubrirá ciertos detalles del pasado de su esposo no precisamente honrosos. Perseguidor y perseguido irán convirtiéndose en personajes cada vez más ambiguos, rodeados por las sombras de la fotografía del gran Robert Surtees, y la soleada California dejará paso a un mundo oculto bajo el American Way of Life en el que habitan prostitutas de buen corazón (maravillosa Mary Astor) y matones a sueldo a los que recurrir si tu maravilloso estatus se ve amenazado.

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Estupendo guion de Robert L. Richards para una de mis películas preferidas de Zinnemann, en la que brillan especialmente dos momentos: el inicio antes comentado y un detalle de dirección impresionante en una de las escenas finales. Con una gran profundidad de campo, en primer término vemos a Enley caminando, a punto de salir de cuadro; a su derecha, a lo lejos, se acerca Parkson, y a su izquierda aparece un coche conducido por el matón que ha contratado Enley: la llegada de los tres personajes al punto de encuentro en el que se resolverá el conflicto mostrada de manera antológica mediante un solo plano.

Act of Violence 8

Editada en DVD por Cine Club Channel.

SCARAMOUCHE (1952) de George Sidney

Si tuviera que señalar una película representativa del espíritu y la finalidad del cine clásico de Hollywood, o alguien me pidiera que le recomendara un film para que sus hijos comenzaran a aficionarse al cine, mi elección sería Scaramouche, la gran obra maestra del cine de capa y espada. George Sidney ya había conseguido una gran película con Los tres mosqueteros (The three musketeers, 1948), pero llega incluso a superarla con esta adaptación de la novela de Rafael Sabatini.

        Por supuesto encontramos en Scaramouche todos los elementos afines al género: los duelos (el que cierra la película es probablemente el mejor que se haya filmado), el humor, la venganza que busca Andre Moreau (un Stewart Granger nacido para el género de aventuras) por la muerte de su amigo, el romance (Janet Leigh y Eleanor Parker, una gran actriz y una aún mayor presencia), y un ritmo endiablado que no decae ni un segundo. Pero además, los personajes y las representaciones que recoge de la comedia del arte italiana y el tema de la búsqueda de la identidad por parte de un Andre Moreau que toma prestada la de Scaramouche para esconderse de la justicia mientras intenta descubrir quién es realmente le otorgan a la película una riqueza de matices que difícilmente se encuentra en otras grandes del género. Que yo sepa, Scaramouche nunca ha aparecido en ninguna lista de las cien mejores películas (en la mia sí estaría), y probablemente no despierte sesudos debates cinéfilos, pero pocas películas desprenden tanta diversión y vitalidad como ésta.

        El lugar que suele ocupar Rafael Sabatini en la historia de la literatura es el de un escritorzuelo de novelitas de aventuras. Particularmente, la novela Scaramouche me parece extraordinaria, y sus primeras frases componen uno de esos inicios que se quedan en la memoria y que invitan irremediablemente a continuar leyendo.

“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ése era todo su patrimonio”. 

            Editada en DVD por Warner.