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UN VERANO CON MÓNICA (1952) de Ingmar Bergman

En una escena de Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, 1959), de François Truffaut, vemos a Antoine Doinel y a su amigo René robando en un cine la foto de una chica tomando el sol, con los ojos cerrados. La chica es la actriz sueca Harriet Andersson, y la foto es un plano de Un verano con Mónica (Sommaren med Monika), una de las primeras grandes películas de Ingmar Bergman. 

        El film cuenta la historia de Mónica y Harry, una joven pareja de enamorados que deciden romper con su entorno, dejar sus trabajos y a sus familias, y lanzarse a la aventura, a no hacer nada más que disfrutar de su amor y su libertad. Pero tras el verano maravilloso que pasan junto al mar Mónica se queda embarazada, y la pareja ha de volver a la ciudad, a la rutina, a la misma vida que lleva todo el mundo. Harry encuentra trabajo y se hace cargo del bebé, pero Mónica es incapaz de asumir esa nueva vida como madre y esposa y les abandona.

        Las imágenes de esa juvenil libertad, de la huída de todo lo impuesto y convencional, en Un verano con Mónica me han parecido, desde la primera vez que la vi, la antesala de los ánimos de cambio, de ruptura con lo establecido, en la cultura francesa en general y en su cine en particular desde finales de los años cincuenta, con Truffaut y Godard a la cabeza de la nouvelle vague. No creo que el cine de Bergman tenga demasiado que ver, ni en sus temas ni en su forma, con el de los dos cineastas franceses, pero apostaría a que tuvieron presente la historia de Mónica y Harry al realizar sus primeras películas, y no sólo, en el caso de Los cuatrocientos golpes, por una foto robada a la entrada de un cine. La libertad, la frescura, los interrogantes y el desconcierto de la Mónica de Bergman están presentes en el Antoine Doinel del film de Truffaut y en la Patricia que interpretó Jean Seberg en Al final de la escapada (À bout de souffle, 1959), el primer largometraje de Godard. Y hay un detalle que me parece especialmente significativo: el primer plano de Harriet Andersson dirigiendo su mirada hacia la cámara, hacia nosotros, buscando respuestas. Quizá me equivoque pero creo que es la primera vez que ese recurso, luego mil veces utilizado, aparecía en una película. En los planos que cierran los citados films de Truffaut y Godard, Antoine y Patricia también buscan ayuda en la cámara, en los espectadores.

        Posiblemente no esté Un verano con Mónica entre las grandes obras maestras de Bergman -lo cual quiere decir que “sólo” es una magnífica película-, pero sí creo que es uno de los films más apropiados para comenzar a conocer el universo de un director al que demasiadas veces se ha tachado de difícil. Y además, los que nunca pasamos un verano con esa maravillosa actriz que fue Harriet Andersson, tenemos la ocasión de imaginar que al menos, por una vez y durante un instante, nos dedicó su mirada.

               Editada en DVD por Manga Films.

  

LILITH (1964) de Robert Rossen

7395-1En 1959 Jean Seberg dio vida a una chica dulce e inocente que recorría los Campos Eliseos vendiendo el New York Herald Tribune, la Patricia de Al final de la escapada (À bout de souffle, 1959), de Jean-Luc Godard. Cinco años más tarde interpretó a uno de los personajes femeninos más complejos, crueles e inolvidables que ha dado el cine en Lilith (1964), la última película de Robert Rossen y su obra maestra junto a El buscavidas (The hustler, 1961), la mítica película protagonizada por Paul Newman que, de entre las de su autor, es la que suele aparecer en las listas.

Lilith es un film perturbador, una pesadilla, un viaje a lo más oscuro del alma humana, el alma de Lilith y Vincent (Warren Beatty), personajes a los que iremos conociendo y redescubriendo poco a poco a lo largo de la película a través de unas imágenes plenas de belleza y desasosiego, de una luz blanquísima, casi onírica o enfermiza, como la historia que nos cuentan. Las escenas abrumadoras son incontables- la seducción del niño por parte de Lilith, que nos llega a incomodar; los dos momentos en que Vincent se encuentra con su exnovia, precioso el primero, el segundo, terrible; el final del propio Vincent, mostrado con una concisión magistral-, pero la más antológica, y que da la clave del film, es la que sucede en el rio, entre la niebla, cuando Lilith besa su propio reflejo en el agua, haciéndolo desaparecer. “El amor es destructivo”, dice Lilith, y Vincent dirá por primera vez su nombre.

Cada vez que uno revisita esta película encuentra nuevos detalles, nuevas lecturas, y el placer es siempre el mismo. Pero el viaje no es fácil. Ver esta película hace daño. Lilith es una flor venenosa, pero en su veneno radica gran parte de su belleza.

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Editada en DVD por Columbia