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EL ESPÍA QUE SURGIÓ DEL FRÍO (1965) de Martin Ritt

Los más veteranillos del lugar quizá recuerden un par de magníficas series de televisión que tuvimos la suerte de ver en los años ochenta: Calderero, sastre, soldado, espía (Tinker, taylor, soldier, spy, 1979) y La gente de Smiley (Smiley´s people, 1981). Ambas adaptaban novelas de John le Carré, uno de los grandes de la literatura de espionaje, y estaban protagonizadas por Alec Guinness en el papel del espía George Smiley. A día de hoy me siguen pareciendo las mejores adaptaciones que se han hecho de la narrativa de le Carré.

        A poca distancia se sitúa El espía que surgió del frío (The spy who came in from the cold), basada en la espléndida novela del mismo título publicada en 1963 y que probablemente siga siendo la más popular de su autor. Aquí Smiley es un personaje secundario, y el protagonismo recae en Alec Leamas, otro espía al que presta su rostro y, sobre todo, su voz Richard Burton, al frente de un gran reparto de habituales secundarios. 

        La película, cuya acción transcurre durante la guerra fría, muestra algunas de sus mejores cartas, que no abandonará durante todo el metraje, ya desde la gran escena inicial que sirve de prólogo a la historia: la preciosa música de Sol Kaplan, la gélida fotografía en blanco y negro de Oswald Morris y el magnífico aprovechamiento de la pantalla ancha y de la profundidad de campo.

        Sirviéndose de estos elementos, a menudo secundarios pero que aquí me parece que cobran especial importancia, y de unos diálogos que ya querrían para sus novelas escritores de mayor prestigio literario y que dibujan de manera escueta y precisa a los personajes, Ritt consigue una película de espionaje que nos mantiene en todo momento en vilo incluso conociendo la novela, con un argumento que apenas recurre a escenas de acción (no estamos en territorio James Bond) y sí al aspecto más humano de unos protagonistas que, alejados de los típicos héroes con mil recursos, son utilizados como marionetas de una compleja trama que nos ofrece varias vueltas de tuerca.

            Editada en DVD por Paramount.

LA MÁSCARA DE DIMITRIOS de Eric Ambler

La literatura negra de Eric Ambler ha sido una de las mayores influencias 06520267847000g010111en colegas de profesión como Graham Greene o John le Carré, y en cineastas de la talla de Hitchcock ( los personajes que, de repente y sin saber cómo, se meten en toda clase de líos). En 1939 se publicó la novela más famosa de Ambler, La máscara de Dimitrios ( The Mask of Dimitrios), una obra maestra del género negro, de espionaje, de la literatura por encima de engorrosas etiquetas. Llevada magníficamente al cine con el mismo título en 1944 por Jean Negulesco (no existe edición española en DVD), la novela muestra no sólo el enorme talento de Ambler para crear situaciones que atrapen al lector, sino también para  la narración y el diálogo – nada que envidiar a grandes escritores de otros géneros “mayores”-, y para la invención de enormes personajes que permanecen en la memoria literaria.

        Sin duda el mayor de ellos es el propio Dimitrios Makropoulos, c16006-12ontrabandista, espía y asesino, personaje- espectro al que se alude durante toda la novela sin que aparecezca (o casi). Si el magisterio de Ambler ha sido notorio y reconocido, la influencia de Dimitrios en posteriores personajes de la literatura y el cine es más ambigua, pero qué le voy a hacer si a uno le gustan estos juegos de rastreo cinéfilo-literario y cree que las sombras, como la del ciprés de Delibes, son más alargadas de lo que parecen. Veamos.

        En 1943 el director Norman Foster llevó al cine, con el mismo título, la novela de Ambler Viaje al miedo (Journey into fear, 1940). En España se tituló, en un derroche neuronal, Estambul, ya qu8433906917e la trama se desarrolla en dicha ciudad. Caracterizado como el coronel Haki, uno de los personajes de la película, nos encontramos con Orson Welles- otro cuya sombra podría tapar varios soles-, al parecer gran lector de novela negra en general y de Ambler en particular. Diez años más tarde Welles comienza a trabajar en su novela Mister Arkadin (1955), que él mismo adaptaría al cine con el mismo título. Arkadin es un personaje misterioso, al que casi nadie conoce, con un pasado oscurob00000k0dt_01_lzzzzzzz1, que ha ido apareciendo y desapareciendo en diferentes países, y cuyas dedicaciones suelen situarse al margen de la ley. No me parece descabellado aventurar que el personaje de Gregory Arkadin pueda tener su génesis en el de Dimitrios Makropoulos.

        Más. En 1995 nos llega el film de Bryan Singer Sospechosos habituales (The usual suspects), una historia algo tramposa pero repleta de talento, con giros continuos e imprevistos y un ritmo que te deja clavado a la butaca. Un elenco de actores en estado de gracia, en especial Kevin Spacey en un papel por el que muchos matarían, acaba por redondear la función. De entre la galería de magníficos personajes que pueblaportada_chica_interiorn la película destaca uno que está en boca de todos, un maestro del crimen que nadie sabe si realmente existe o no, un tal Keyser Soze a medio camino (como diría John Ford) entre la realidad y la leyenda. Cada vez que veo la película y, especialmente, el flash-back en el que se narra la historia de Keiser Soze, me viene a la mente la figura de Dimitrios.

        Hace pocas semanas llegó a las librerías el segundo volumen de la celebérrima trilogía Millenium, escrita por Stieg Larsson : La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Aquí nos encontramos con otro personaje oculto, cuyo pasado ha sido borrado, y que guarda en él la clave de varios asesinatos y de la vida de Lisbeth Salander, uno de los principales personajes de la trilogía. Un tal Zalachenko que, al igual que Dimitrios, sólo aparece al final de la novela, y que, en mi opinión, también tiene alguna deuda pendiente con el personaje creado por Eric Ambler, personaje de cuya sombra, probablemente, volvamos a tener noticias en el futuro.

              Traducción de Ana Goldar.

              Publicada por Ed. Edhasa.