Archive for the ‘Joseph Conrad’ Tag

En recuerdo de Peter O’Toole

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Hace unas pocas horas se dio a conocer la noticia del fallecimiento, a los 81 años, del gran actor irlandés de cine y teatro Peter O’Toole, candidato al Oscar en numerosas ocasiones y finalmente premiado, de manera honorífica, en el año 2003. Su primer papel importante, y el que marcaría irremediablemente toda su carrera, fue en la majestuosa película de David Lean Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962). Su transformación, más que interpretación, en la histórica figura del oficial británico T. E. Lawrence sigue siendo una de las presencias en una pantalla más impresionantes de la historia del cine.

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Tras el film de Lean, aquí lo recuerdo en las otras dos películas que más me gustan de su filmografía, en otras dos colosales interpretaciones: Lord Jim (1965) de Richard Brooks, un clásico de aventuras según la novela de Joseph Conrad, y El león en invierno (The Lion in Winter, 1968) de Anthony Harvey, el drama histórico en el que formó una pareja insuperable junto a Katharine Hepburn, dando vida respectivamente a Enrique II Plantagenet y a su maquiavélica esposa Leonor de Aquitania.

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Y, para finalizar, otro de los grandes momentos de Lawrence de Arabia, inmejorable a modo de despedida. Descanse en paz.

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LA CACERÍA de Alejandro Paternain

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Con el recuerdo de la literatura de Conrad, Stevenson, Kipling, Falkner y O´Brian por bandera y las bodegas repletas del cine de Curtiz, Walsh, Tourneur y tantos otros, en 1997 nos llegó, de la mano del maestro uruguayo Alejandro Paternain, la maravillosa novela La cacería, devolviéndonos de nuevo en todo su esplendor el género de aventuras en el mar y, con él, tantas otras cosas que echábamos de menos.

12154-10083-largeAl mando de la historia, John Blackbourne, marino de Baltimore y capitán de la goleta La Intrépida, con patente de corso bajo pabellón uruguayo, y Basilio de Brito, capitán del brick portugués Espíritu Santo, a quien el gobierno de su país ordena detener a toda costa al navío norteamericano. Dos personajes que, sin haberse visto nunca y a través de la distancia que separa sus barcos, intentan conocerse y descubrir sus puntos débiles, y que acaban respetándose y admirándose mutuamente. A sus órdenes, una tripulación de secundarios memorables, entre los que destaca el marinero irlandés de La Intrépida Patrick Donagall, cuya historia irá paulatinamente cobrando importancia en boca de sus compañeros hasta erigirse en protagonista al final de la novela. Y junto a ellos, el resto de personajes imprescindibles: el honor, la valentía, la gloria sin recompensa, los abordajes y los funerales marinos, las leyendas corsarias ante el grog o el brandy, las tormentas que deciden el destino de los hombres, la nostalgia de la tierra dejada atrás, las mujeres que esperan el regreso…

Entre el metálico encuentro de los sables y el rugido de los cañones, la exquisita y ensoñadora prosa de La cacería, elegante como pocas, nos hace navegar a toda vela y sin descanso por sus páginas, volver sobre ellas para saborearlas de nuevo y, una vez terminadas, buscar alguna otra de las novelas que nos dejó escritas este Don Alejandro Paternain, que en 2004 partió definitivamente en busca de nuevos mares por descubrir.

“¡El timón!”, informa Luis de Almeida. “No gobierna”, exclama el timonel, despavorido. Insto a los carpinteros reparación urgente, encargo a Pinto que restablezca el orden en cubierta, pongo a Freire da Nóbrega bajo asistencia del jesuita Araújo, y aprovechando que la lluvia ha cesado, mando a los artilleros que apresten otra andanada. Despliego el catalejo, escruto la goleta, veo su cañón giratorio, ha asestado golpes muy duros, no sé con qué artes, y procuro descubrir al capitán. Lo he juzgado mal, he subestimado su capacidad o no he comprendido que la suerte viaja con él. Será tal vez aquel hombre alto, sobre la toldilla, que golpetea una prenda -¿su gorra de lana, empapada?- contra la balaustrada, que corre ahora por cubierta, dando órdenes a los veleros, haciéndolos bracear las vergas hasta obtener ángulos que les permitan acercar la goleta a mi barco sin gobierno. Ése ha de ser, un perfil de hombre joven que trabaja a la par de cualquier marinero, que aparta los artilleros de sus piezas para que empuñen los garfios de abordaje, que induce a la marinería para que, cuchilla en mano, cimbren sus aceros de modo amenazante. Ése es, qué duda cabe, volviendo a su puesto en la toldilla. Un poco más de luz en este día encapotado, y adivinaría las líneas de su rostro, el carácter que componen esas líneas, el orgullo, la vanidad, la rapacidad, la felicidad que me halagarían si estuviese en su lugar, sin importarle -como tampoco a mí me hubiese importado- que ese pabellón sostenido a despecho de la lluvia pertenezca a una fuerza vencida a miles de millas, hace meses. Lo mismo sentiría yo si hubiese desarbolado y dejado sin timón al enemigo. Dos cañonazos bastaron, disparados con puntería implacable. Los cielos así lo disponen; y la lluvia, que arrecia o escampa cuando quiere, riéndose de lo que los hombres proponen.

Publicada por Alfaguara.

LÍNEA DE SOMBRA de Manuel Rivas

Línea de sombra es el primer poema de la magnífica miscelánea de relatos y poesía Un millón de vacas (1989), del autor gallego Manuel Rivas. Supongo que el título homenajea a su admirado Joseph Conrad y a su novela La línea de sombra (The shadow line, 1917). Aquí os lo dejo, traducido del gallego por Basilio Losada.

Línea de sombra

Mai, tú sabes que es un luchador,

no lo hagas volver sobre sus pasos.

Desde Bilbao y Brest llegaron cartas,

y de Hamburgo, Berlín y de Viena.

Iba por tierra

y se aseaba en los museos,

en los destrozados espejos de los museos.

Lo vieron mis amigos cruzar Europa.

Pasear algo pálido.

Se podría pasear y morir sobre los ríos.

Mai, sabes que es un luchador.

Volverá, volverá viejo.

Como quien tiene 30 años.