Archive for the ‘Joseph L. Mankiewicz’ Tag

En recuerdo de Martin Landau: DELITOS Y FALTAS (1989) de Woody Allen

Si hace unos días comentaba que la filmografía de Elsa Martinelli no estaba, en líneas generales, a la altura de su talento, lo mismo se puede decir respecto a la de Martin Landau, fallecido el 15 de julio a los 89 años, aunque en su caso a la industria cinematográfica le dio tiempo de arreglarlo al menos en parte, sobre todo gracias al Oscar que le concedieron por su inolvidable interpretación de Bela Lugosi en Ed Wood (1994), de Tim Burton.

Antes de convertirse en estrella de la televisión gracias a Misión Imposible (Mission: Impossible, 1966) y Espacio: 1999 (Space: 1999, 1975) -mi primer recuerdo de él, en Televisión Española-, Landau actúa como secundario en estupendas películas como Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), de Hitchcock; Cleopatra (1963), de Mankiewicz, o Nevada Smith (1966), de Hathaway; pero tras las dos series citadas, la travesía por el desierto: papeles en producciones de medio pelo e, incluso, falta de trabajo. Hasta que Coppola lo rescata para Tucker, un hombre y su sueño (Tucker: the Man and His Dream, 1988), que le supone su primera nominación al Oscar como mejor secundario y su regreso a la estabilidad hasta el final de su carrera, aunque tampoco es que desde entonces abunden las grandes películas.

El mejor film en el que interviene durante todos estos años y el que le proporciona su papel más importante -segunda candidatura al Oscar incluida-, junto al de Bela Lugosi, es, por supuesto, la obra maestra Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors), de Woody Allen. En ella interpreta a Judah Rosenthal, un adinerado oftalmólogo cuya amante (Anjelica Huston) amenaza con destruir su vida si no abandona a su familia y se va a vivir con ella, lo que le llevará a tomar una drástica decisión.

Epicentro de la parte más dramática del film, el personaje de Landau encarna las dudas de Allen, heredadas del cine de su admirado Bergman, sobre el pecado, el remordimiento, el castigo o la ausencia de Dios, y su interpretación, más allá de cualquier elogio, contribuye definitivamente a hacer de Delitos y faltas la más lúcida y perfecta, junto a Match Point (2005), de las reflexiones allenianas sobre la vida y la muerte. Solo por este papel ya merece Mr. Landau un rinconcito en nuestra memoria cinéfila.

 

 

TRES CAMARADAS (1938) de Frank Borzage

En su última novela Aire de Dylan (2012), Enrique Vila-Matas cita la frase “Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien”, una de las incontables líneas de diálogo maravillosas de Tres camaradas (Three Comrades), dirigida por Frank Borzage, producida por Joseph Mankiewicz y escrita, a partir de la novela de Erich Maria Remarque, por Edward E. Paramore Jr. y Francis Scott Fitgerald, en la que, si no me equivoco, fue la única vez que el autor de El gran Gatsby apareció acreditado como guionista en una película.

        Tres camaradas, ambientada en la Alemania de 1920, nos cuenta la amistad entre Erich, Otto y Gottfried (espléndidos Robert Taylor, Franchot Tone y Robert Young), tres compañeros del ejército que intentan salir adelante como pueden tras la guerra. Durante una tarde de juerga conocen a Patricia (Margaret Sullavan), quien reforzará aún más la amistad entre los tres y acabará casándose con Erich. A lo largo de su historia tendrán cabida la comedia y el drama, la venganza y la muerte, logrando el que para mí supone uno de los grandes homenajes del cine al amor y la lealtad, a las ganas de vivir. Quizá eche para atrás a los espectadores que no traguen con su ingenuidad, pero los que aún conserven ante el cine una mirada inocente pueden encontrarse ante una de las películas que más le haya emocionado. En mi opinión, es el mejor film del hoy tan olvidado Borzage y uno de los mejor escritos del cine nortemericano de los 30.

        A pesar de ser una película no demasiado conocida, posiblemente haya que tomarla como referencia de otras más prestigiosas como Los mejores años de nuestra vida (The Best Years of Our Lives, 1946) de William Wyler y, sobre todo, Siempre hace buen tiempo (It´s Always Fair Weather, 1955) de Stanley Donen y Gene Kelly. Y quién sabe si Mankiewicz, productor del film, no tuvo en cuenta su inolvidable escena final a la hora de ponerle rúbrica a su obra maestra El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, 1947).

              Editada en DVD por Art House media.

OPENING NIGHT (1977) de John Cassavetes

El día tres nos dejó Ben Gazzara, uno de esos grandes actores a los que no suelen llegar los focos pero que mejoraba con su presencia y su sonrisa socarrona cada película en la que participaba. Su primer gran papel fue a las órdenes de Otto Preminger en su obra maestra Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, 1959) y más adelante destacó sobre todo en sus trabajos para Peter Bogdanovich y para su amigo y compañero de juergas John Cassavetes.

        Opening Night me parece la mejor película que rodaron juntos y, ante todo, la gran obra maestra que nos ha dejado el cine sobre el mundo del teatro junto a Eva al desnudo (All About Eve, 1950) de Mankiewicz. Pedro Almodóvar, a quien le encantan ambas películas, las homenajeó en Todo sobre mi madre (1999), llegando a recrear por completo una de las mejores escenas del film de Cassavetes, aquella en que una joven, tras conocer a la gran actriz a la que admira, es atropellada bajo la lluvia. Uno de esos fragmentos que dejan con la boca abierta y que, por sí solo, debería animar a conocer la filmografía de su autor. 

        Junto a Gazzara y Cassavetes, que interpretan, respectivamente, al director y a uno de los actores de una obra de teatro titulada significativamente The Second Woman, la gran estrella de la función es Gena Rowlands, esposa de Cassavetes en la vida real y una de mis actrices preferidas. Ella es en la ficción Myrtle Gordon, una famosa actriz alcoholizada y que no puede aceptar la pérdida de la juventud, incapaz de separar su propia vida de la del personaje al que interpreta, y menos aún tras la muerte de su admiradora. La cámara de Cassavetes la persigue, la abraza, se pega a su mirada y a su piel consciente de lo que la actriz puede darle, como si quisiera unir para siempre a Myrtle con Gena, haciéndolas inseparables, un solo personaje y una sola actriz, mientras nos muestra los entresijos del teatro, la otra cara oculta tras el telón.

        Deudora, claro, de Eva al desnudo, pero también, me parece, de buena parte del cine de Bergman, Opening Night, como casi toda la filmografía de Cassavetes, en su homenaje al teatro y al oficio de actuar destila sinceridad, pasión y verdad como pocas veces hemos visto en una pantalla.

                 Editada en DVD por Avalon-Filmoteca FNAC.

LA NOCHE QUE NO ACABA (2010) de Isaki Lacuesta

Los pasos dobles, la última película de Isaki Lacuesta, se estrenó el viernes en las salas y ayer recibió, no sin cierta polémica,  la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Sin haberla visto aún, Lacuesta me parece uno de los cineastas que han hecho del documental un género tan atractivo como cualquier ficción, quizá el que goza de mayor salud en nuestro país.

        La anterior película de Lacuesta, también presentada en San Sebastián, fue La noche que no acaba, basada en el libro de Marcos Ordóñez Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), un recuerdo de la actriz y la mujer que se enamoró de España desde el rodaje en Tossa de Mar de la magnífica y extraña Pandora y el holandés errante (Pandora and the Flying Dutchman, 1951) de Albert Lewin. A través de imágenes de archivo, de escenas de sus películas, de intervenciones de personas que la conocieron, y apoyándose en las voces de Ariadna Gil y Charo López, Lacuesta nos propone un diálogo entre una Ava joven y otra más madura, humanizándola pero sin perder de vista el mito, en un ejercicio que tiene mucho más de evocador que de narrativo. Una fiesta para quien guste de los buenos documentales, de Ava Gardner, del cine de otras épocas…

        Estoy convencido de que la película me encantaría por sí misma, pero confieso que en esta ocasión -como en otras-  hay una razón por la que se me hace aún más cercana. Hace un par de años, pasando unos días en Tossa de Mar, en uno de mis pinitos literarios escribí un breve relato titulado Los rostros de Ava. En él imaginaba que Pandora Reynolds y María Vargas, la protagonista de La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954) -para mí, la mejor película de Ava Gardner y mi preferida de Mankiewicz, que no es decir poco-, eran la misma mujer, y que en realidad ambas eran la propia Ava. Al ver el documental, lógicamente, lo que escribí me venía una y otra vez a la cabeza. Y es que el cine, cuando hace buenas migas con una parte de nosotros, consigue pertenecernos todavía un poco más a todos.

 

 

En recuerdo de Cliff Robertson

El pasado sábado día 10 moría a los 88 años el actor Cliff Robertson. Aunque un poco tarde, me gustaría recordarlo aquí en mis tres películas preferidas de su filmografía.

Underworld USA (1961) de Sam Fuller.

Robertson interpreta a Tolly Devlin, un tipo obsesionado con eliminar a los mafiosos responsables de la muerte de su padre. Posiblemente el papel más oscuro de toda su carrera para una de las mejores y más violentas obras de Fuller.

Mujeres en Venecia (The Honey Pot, 1967) de Joseph Leo Mankiewicz.

En uno de los guiñoles más complejos, inteligentes y cínicos creados por Mankiewicz, a partir de la obra Volpone de Ben Johnson, Robertson da vida a William McFly y le aguanta el tirón a un monstruo como Rex Harrison. Una obra maestra del cine, de la literatura, de la interpretación…

Fascinación (Obsession, 1976) de Brian De Palma.

Guión de Paul Schrader y música de Bernard Herrmann para esta vuelta de tuerca a De entre los muertos (Vertigo, 1958) en la que Robertson toma el testigo de James Stewart. Quizá De Palma se pasa rizando el rizo, pero la parte de la película que transcurre en Florencia es lo mejor que ha filmado y donde más se ha acercado a su venerado Hitchcock.  

DAMAS DEL TEATRO (1937) de Gregory La Cava

La pensión Candilejas es la puerta al escenario, el sitio donde las muchachas que aspiran a convertirse en actrices esperan una ocasión de demostrar su talento, una oportunidad que las convierta en damas del teatro. Mientras la oportunidad llega subsisten actuando en locales nocturnos, fingen cariño como chicas de compañía, se dejan engatusar por empresarios sin escrúpulos, se critican y se ayudan, se odian y se quieren, y nos hacen reír con unos vertiginosos diálogos que son de lo mejor del género en los años 30. La última en llegar (Katharine Hepburn) será la primera en triunfar, pero involuntariamente provocará el suicidio de otra de las muchachas, una actriz que tuvo su efímero momento de gloria pero a la que ya no ofrecían ningún papel (el plano en el que sube las escaleras para tirarse por una ventana es impresionante). El drama interrumpiendo la comedia. La vida estropeando el guión, que diría Mankiewicz. Pero la rutina vuelve enseguida a la pensión Candilejas, y a ella siguen acudiendo las muchachas que sueñan con triunfar algún día.

        Damas del teatro (Stage door) es una de las grandes comedias del hoy demasiado olvidado Gregory La Cava, y uno de los mejores films sobre el mundo del teatro junto a Eva al desnudo (All about Eve, 1950) de Mankiewicz, Cómicos (1953) de Juan Antonio Bardem, y Opening Night (1977) de John Cassavetes, a los que habría que añadir las originales propuestas de Louis Malle en Vanya en la calle 42 (Vanya on 42nd Street, 1994) y de Al Pacino en Looking for Richard (1996), que proponen sacar el teatro a la calle y acercarlo al gran público.

            Editada en DVD por Manga Films.

LA EMPERATRIZ YANG-KWEI-FEI (1955) de Kenji Mizoguchi

Decir que determinada película es una de las más hermosas de Kenji Mizoguchi para mí equivale a considerarla como una de las más hermosas de la historia del cine. Y eso me parece La emperatriz Yang-Kwei-Fei (Yôkihi), la historia de la muchacha plebeya que enamora al emperador y le devuelve las ganas de vivir perdidas tras la muerte de su esposa, algo similar al cuento de La Cenicienta pero en la China del siglo VIII, con hermanos malvados incluidos.

        Mizoguchi narra este amor imposible entre intrigas cortesanas con planos más cortos y una cámara menos móvil de lo que suele ser habitual, pero el resultado alcanza una sensibilidad que poco tiene que envidiar a los mejores momentos de Cuentos de la luna pálida (Ugetsu monogatari, 1953) y El intendente Sansho (Sansho dayu, 1954), sus otras dos obras cumbre, sobre todo en escenas como la escapada de la pareja, que asiste de incógnito a una celebración entre el pueblo (que recuerda al momento en que la princesa Audrey Hepburn y el periodista Gregory Peck se mezclan con la gente en otra maravillosa película, Vacaciones en Roma (Roman Holiday, 1953) de William Wyler), y el plano final -tras el flash-back que abarca casi todo el film-, con la muerte del emperador en su habitación, acompañado solamente por la estatua de su amada, y la reunión de las dos almas, que escapan del palacio sin que nadie pueda ya separarlas. En otro momento similar, las almas de Rex Harrison y Gene Tierney conseguían por fin estar juntas en la memorable El fantasma y la señora Muir (The ghost and Mrs. Muir, 1947). Y es que el mejor cine, nos llegue de Japón o de un estudio de Hollywood, no entiende mucho de nacionalidades.

        Cuando se busca algún cineasta con el que comparar a John Ford se suele recurrir a Hawks y a Walsh, creo que más que nada porque los tres eran norteamericanos, de la misma generación, y los tres filmaron westerns. Para mí el más cercano a Ford siempre ha sido Mizoguchi, si no en la manera de filmar, en la planificación, sí en el fondo de sus historias. El momento cumbre de este film (y uno de los más serenos y bellos del cine japonés), en el que vemos a la amada del emperador dirigirse a su ejecución, es buena prueba de ello. Mizoguchi cierra el plano sin mostrarnos su muerte, igual que Ford no nos muestra la de la doctora Cartwright al final de Siete mujeres (Seven Women, 1965), la película que puso punto y final a su filmografía. El mismo cariño, el mismo respeto por sus personajes, consigue unir las miradas de dos de los mayores artistas del siglo xx.

               Editada en DVD por DeAPlaneta.

AMORES DEL MÁS ALLÁ: EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR (1947) de Joseph Leo Mankiewicz / JENNIE (1948) de William Dieterle / PANDORA Y EL HOLANDÉS ERRANTE (1951) de Albert Lewin

El arte del cine ha tenido a menudo la feliz idea de hacer coincidir sus historias románticas con el mundo irreal, mágico y fantasmagórico del género fantástico. Ejemplos de ello los hay a patadas y, como no sólo de Ghost vive el hombre, ahí van tres de las mejores muestras de lo bueno que puede ser el cine romántico cuando el amor llega desde el más allá.

        El fantasma y la señora Muir (The ghost and Mrs. Muir) MV5BMTI4Mjg5OTY5MF5BMl5BanBnXkFtZTYwNTI5OTk5__V1__SX281_SY400_de Joseph Leo Mankiewicz. La historia de amor entre una joven viuda (Gene Tierney) y el fantasma de un capitán de barco (Rex Harrison) que habita la casa que ella alquila es la película menos intelectual de su autor, la más cálida y cercana, una rareza en la filmografía de Mankiewicz a la altura de sus films más reconocidos. Una de las películas preferidas del escritor Javier Marías, como se puede comprobar en su libro Donde todo ha sucedido.

        Jennie (Portrait of Jennie) de William Dieterle. La película que más le gustaba a Buñuel narra la historia de un pintor sin éxito (Joseph Cotten) que recobrtt0040705_largeCovera la inspiracion al conocer en un parque a una niña (Jennifer Jones) que, en cada nuevo encuentro, se va transformando misteriosamente en una mujer. El pintor se enamora de ella, pero descubre que Jennie encierra una trágica historia.

        Con guión de Ben Hecht, música de Bernard Hermann y fotografía de Joseph H. August (impresionante la escena en que Jennie está patinando, que probablemente tuvo en cuenta Ted Demme para un momento similar, con Natalie Portman, de Beautiful girls), la película es una maravillosa obra maestra recuperada que no tuvo ningún éxito en su momento.

        Pandora y el holandés err01673ante (Pandora and the flying dutchman) de Albert Lewin. Producción británica rodada en Tossa de Mar, adapta la conocida leyenda del holandés castigado a vagar por el mar (James Mason) hasta que una mujer (Ava Gardner) se enamore de él  y le libre así de su maldición.

        Una de las pocas películas que realizó el no demasiado conocido Albert Lewin, con fotografía del gran Jack Cardiff, habitual colaborador del director Michael Powell. Obra de culto, quizá no tan redonda como las dos anteriormente citadas pero con una ambientación onírica y un aliento trágico que atraen irremediablemente.

            El fantasma y la señora Muir está editada en DVD por Fox.

            Jennie y Pandora y el holandés errante están editadas en DVD por

            Regia Films.