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EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO de Gaston Leroux

En el castillo del Glandier viven junto a sus criados el profesor Stangerson, famoso científico, y su hija y ayudante Mathilde. Una noche en que se dispone a dormir en el cuarto amarillo situado junto al laboratorio, en el que siguen trabajando su padre y el tío Jacques, su criado de confianza, Mathilde es víctima de un intento de asesinato. Al oír sus gritos y unos disparos, Stangerson, Jacques y otro criado intentan forzar la puerta y solo lo consiguen tras muchos esfuerzos, ya que, extrañamente, Mathilde la había cerrado con doble vuelta. Al entrar, encuentran a la joven malherida pero ni rastro del criminal. Lo misterioso del asunto es que el agresor no ha podido escapar de un cuarto con una única puerta, una ventana con barrotes cerrada por dentro y sin chimenea. De intentar resolver el caso se encargarán, por un lado, el famoso detective Frédéric Larsan y, por otro, el joven periodista de 18 años y aficionado a las investigaciones Joseph Joséphin, alias «Rouletabille».

De las cinco novelas de Gaston Leroux que he leído, incluida El fantasma de la ópera (Le fantôme de l’Opéra, 1910), El misterio del cuarto amarillo (Le mystère de la chambre jaune) es, con diferencia, mi preferida. Publicada por entregas en el suplemento literario de L’Ilustration durante 1907 y como libro en 1908, es la primera de la serie de siete novelas protagonizadas por el reportero, detective y aventurero Joseph Rouletabille y una de las primeras obras de la literatura de misterio que plantean el «problema del cuarto cerrado», presente en muchas otras posteriormente.

Como buena novela por entregas, El misterio del cuarto amarillo busca desde su primer capítulo, titulado «Donde se empieza a no entender nada», desconcertar al lector con un suceso en apariencia inexplicable y cuya solución, en principio, solo se puede encontrar en el ámbito de lo fantástico. Enganchados ya al misterio, ávidos por hallar pistas con las que establecer nuestras propias teorías, a cada vuelta de página nos topamos con nuevas sorpresas, con frases que parecen absurdas hasta que conocemos su contexto, con varias subtramas tan extrañas como la principal y que consiguen enredarnos de tal forma que difícilmente veremos algo de luz hasta las explicaciones finales y nada fantásticas de Rouletabille.

Que yo sepa, la novela de Leroux ha sido llevada al cine en cinco ocasiones, de las cuales he podido ver dos, no demasiado afortunadas y con absurdas variaciones respecto al argumento original: la argentina El misterio del cuarto amarillo (1947), dirigida en estado de desgracia por Julio Saraceni, y Le mystère de la chambre jaune (1930), de Marcel L’Herbier, que resulta algo mejor gracias sobre todo a la atmósfera de misterio que consigue crear en sus secuencias nocturnas.

Atravesé la habitación como una flecha y, sin embargo, pude ver «que había una carta en la mesa». Casi alcancé al hombre en la antecámara, pues tardó por lo menos un segundo en abrir la puerta. ¡Casi lo toqué! Me dio en las narices con la puerta que da de la antecámara a la galería…, pero yo tenía alas, estuve en la galería a tres metros de él… El señor Stangerson y yo lo seguimos a la misma altura. El hombre, como yo había previsto, cogió la galería a su derecha, es decir, el camino preparado para su huida… «¡A mí, tío Jacques! ¡A mí, Larsan!», exclamé. ¡Ya no podía escapársenos! Di un grito de alegría, de salvaje victoria… El hombre llegó a la intersección de las dos galerías apenas dos segundos antes que nosotros ¡y el encuentro que yo había decidido, el choque fatal que inevitablemente tenía que producirse, tuvo lugar! Todos chocamos en el cruce: el señor Stangerson y yo, que veníamos de un extremo de la galería recta; el tío Jacques, que venía del otro extremo de la misma galería, y Frédéric Larsan, que venía del recodo de la galería. Chocamos hasta caer…

«Pero el hombre no estaba allí»

Nos miramos con ojos estúpidos, ojos de espanto ante esta «irrealidad»: «¡El hombre no estaba allí».

Traducción de Joëlle Eyheramonno.

Publicada por Alianza Editorial.