Archive for the ‘Katharine Hepburn’ Tag

VIVIR PARA GOZAR (1938) de George Cukor

Cuando pensamos en nuestras comedias preferidas, supongo que lo habitual es recordar aquellas que más nos han hecho reír; pero como para todo hay excepciones, en mi lista también estaría Vivir para gozar (Holiday), una comedia romántica con la que me río poco pero sonrío continuamente, un homenaje a la elegancia y la inteligencia cuya locura, a diferencia de la de muchas otras screwball comedies, tiene una clara base ideológica y una enorme finalidad crítica, no en vano sus guionistas, Donald Ogden Stewart y Sidney Buchman, eran escritores de izquierdas cuyos nombres fueron incluidos en la lista negra del Comité de Actividades Antiamericanas.

El guion de Vivir para gozar, basado en una obra de teatro de Philip Barry -amigo de Ogden Stewart- que ya había sido llevada al cine en 1930 por Edward H. Griffith, tiene como protagonista a Johnny (Cary Grant), un joven soñador que, a punto de casarse con una chica de la alta sociedad de New York, descubre durante una visita a la mansión en que vive la familia de la novia que tanto esta como su futuro suegro ya le han planificado una vida que consistirá en aburrirse y amasar dinero, con lo que los planes de boda se van yendo poco a poco al traste. Junto a Johnny se posicionarán Linda (Katharine Hepburn) y Ned (Lew Ayres), hermanos de la novia, y el matrimonio Potter (Edward Everett Horton y Jean Dixon), amigos, mentores y casi padres de Johnny. Y, cómo no, entre Linda y Jonny nacerá algo más que una amistad.

Aparte del trabajo de los actores, son dos los aspectos sobresalientes que hacen de esta película una de mis comedias favoritas aunque, insisto, no nos partamos de risa con ella. El primero hay que anotarlo en el haber de Cukor y tiene que ver con la puesta en escena. Demasiado a menudo las películas cuyo germen es una obra de teatro no logran enmascarar su origen, no consiguen el preciso ritmo cinematográfico que les impida resultar acartonadas, estáticas, teatrales en el mal sentido. Cukor -como Hawks, como Mankiewicz- era un maestro a la hora de trasladar el teatro a la pantalla, y aquí consigue que una historia desarrollada en interiores y en muy pocos espacios avance con asombrosa fluidez, sin que apenas reparemos en lo inhabitualmente largas que son muchas de sus escenas.

El segundo aspecto tiene que ver con un guion que entre travesura y travesura de los personajes introduce de forma nada subliminal una mirada ante la vida no precisamente acorde con el capitalismo estadounidense. Y lo hace con una gravedad y hasta una melancolía poco frecuentes en la comedia clásica -basta compararlo con el de una película, curiosamente, del mismo año, la oscarizada Vive como quieras (You Can’t Take it With You) de Frank Capra, con ingredientes similares pero mucho más loca y disparatada, mucho más screwball-, enfocadas sobre todo en los personajes de Linda, una mujer enclaustrada en unas normas que no comparte y sin fuerzas para huir de ellas, y de Ned, un joven alcohólico que recurre a la botella y al cinismo para sobrevivir a su familia. Ambos ven en Johnny una ráfaga de aire fresco que les devuelve algo que creían perdido para siempre y lo acogerán en la habitación en la que pasan la mayor parte del tiempo, el cuarto repleto de juguetes en el que crecieron, símbolo de una inocencia no del todo perdida, un verdadero hogar dentro de una casa que no lo es. El único lugar donde son tan felices como lo somos nosotros en películas como esta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ME ODIARÍA CADA MAÑANA de Ring Lardner, Jr.

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-Se trata de una pregunta muy simple -continuó-. Cualquiera estaría orgulloso de contestarla; cualquier americano auténtico estaría orgulloso de contestar la pregunta “¿es ahora o ha sido en el pasado miembro del Partido Comunista?”; cualquier americano auténtico…

-Depende de las circunstancias -le dije-. Yo podría contestar, pero si lo hiciera me odiaría cada mañana.

Hijo y hermano de escritores y periodistas, Ring Lardner, Jr. fue uno de los más precoces talentos literarios del Hollywood de los años 40. Nacido en 1915, ganó el primero de sus dos Oscars en 1942 por el guion, escrito junto a Michael Kanin, de La mujer del año (The Woman of the Year), la primera película del tándem Katharine Hepburn y Spencer Tracy, dirigida por George Stevens; el segundo lo obtuvo muchos años después, en 1970, gracias a M.A.S.H. de Robert Altman. Entre uno y otro, una vida marcada por ser uno de los tristemente famosos Diez de Hollywood señalados por el Comité de Actividades Antiamericanas en 1947.

9788495764539En su autobiografía Me odiaría cada mañana (I’d Hate Myself in the Morning, 2000), además de hablarnos de los cineastas y estrellas que conoció -entre estas últimas, su amiga Katharine Hepburn, que siempre le apoyó-, repasa los hechos ocurridos durante unos años en que en Estados Unidos se perseguía todo aquello que oliera mínimamente a comunismo y recuerda especialmente a los otros nueve compañeros cuyos nombres aparecían en la lista: Alvah Bessie (guionista), Lester Cole (guionista), Herbert Biberman (guionista y director), Edward Dmytryk (director), John Howard Lawson (guionista), Albert Maltz (guionista), Samuel Ornitz (guionista), Adrian Scott (productor y guionista) y el gran Dalton Trumbo (novelista, guionista y director).

El único defecto de este estupendo libro, imprescindible para historiadores del cine y recomendable para cualquier aficionado, es que sus doscientas y pico páginas te dejan con ganas de mucho más.

Diez de los testigos fueron emplazados a fecha fija en las citaciones; a ocho, yo entre ellos, se nos indicó que aguardásemos en casa hasta que se nos asignara una fecha, pero como muestra de solidaridad decidimos viajar todos juntos reclamando apoyo a lo largo del camino y en Washington mismo. Después que una foto de Frances y yo sentados entre el público apareciese destacada en un periódico, fui inopinadamente llamado al podio en sustitución de mi amigo Waldo Salt durante una sesión que acabaría siendo la última. Por ironías del destino, la inviabilidad de recurrir a la cláusula contra la autoinculpación nos convirtió a los diez declarantes en culpables.

Traducción de José Moreno Torres.

Publicado por Ediciones Barataria.

En recuerdo de Peter O’Toole

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Hace unas pocas horas se dio a conocer la noticia del fallecimiento, a los 81 años, del gran actor irlandés de cine y teatro Peter O’Toole, candidato al Oscar en numerosas ocasiones y finalmente premiado, de manera honorífica, en el año 2003. Su primer papel importante, y el que marcaría irremediablemente toda su carrera, fue en la majestuosa película de David Lean Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962). Su transformación, más que interpretación, en la histórica figura del oficial británico T. E. Lawrence sigue siendo una de las presencias en una pantalla más impresionantes de la historia del cine.

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Tras el film de Lean, aquí lo recuerdo en las otras dos películas que más me gustan de su filmografía, en otras dos colosales interpretaciones: Lord Jim (1965) de Richard Brooks, un clásico de aventuras según la novela de Joseph Conrad, y El león en invierno (The Lion in Winter, 1968) de Anthony Harvey, el drama histórico en el que formó una pareja insuperable junto a Katharine Hepburn, dando vida respectivamente a Enrique II Plantagenet y a su maquiavélica esposa Leonor de Aquitania.

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Y, para finalizar, otro de los grandes momentos de Lawrence de Arabia, inmejorable a modo de despedida. Descanse en paz.

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DAMAS DEL TEATRO (1937) de Gregory La Cava

La pensión Candilejas es la puerta al escenario, el sitio donde las muchachas que aspiran a convertirse en actrices esperan una ocasión de demostrar su talento, una oportunidad que las convierta en damas del teatro. Mientras la oportunidad llega subsisten actuando en locales nocturnos, fingen cariño como chicas de compañía, se dejan engatusar por empresarios sin escrúpulos, se critican y se ayudan, se odian y se quieren, y nos hacen reír con unos vertiginosos diálogos que son de lo mejor del género en los años 30. La última en llegar (Katharine Hepburn) será la primera en triunfar, pero involuntariamente provocará el suicidio de otra de las muchachas, una actriz que tuvo su efímero momento de gloria pero a la que ya no ofrecían ningún papel (el plano en el que sube las escaleras para tirarse por una ventana es impresionante). El drama interrumpiendo la comedia. La vida estropeando el guión, que diría Mankiewicz. Pero la rutina vuelve enseguida a la pensión Candilejas, y a ella siguen acudiendo las muchachas que sueñan con triunfar algún día.

        Damas del teatro (Stage door) es una de las grandes comedias del hoy demasiado olvidado Gregory La Cava, y uno de los mejores films sobre el mundo del teatro junto a Eva al desnudo (All about Eve, 1950) de Mankiewicz, Cómicos (1953) de Juan Antonio Bardem, y Opening Night (1977) de John Cassavetes, a los que habría que añadir las originales propuestas de Louis Malle en Vanya en la calle 42 (Vanya on 42nd Street, 1994) y de Al Pacino en Looking for Richard (1996), que proponen sacar el teatro a la calle y acercarlo al gran público.

            Editada en DVD por Manga Films.