Archive for the ‘Robert Towne’ Tag

ESPERA A LA PRIMAVERA, BANDINI de John Fante

De entre los numerosos escritores desconocidos u olvidados que son recuperados por las editoriales y elevados a la categoría de autores de culto, uno de los verdaderamente grandes es el estadounidense John Fante, novelista, cuentista y, como tantos otros genios de la literatura norteamericana, ocasional guionista: adaptó su propia novela Llenos de vida (Full of life, 1952) para la película de igual título de Richard Quine, y colaboró en el guión de La gata negra (Walk on the wild side, 1962) de Edward Dmytryk, un film que lo tenía todo para haber sido realmente bueno pero en el que lo único de veras destacable son los títulos de crédito de, una vez más, Saul Bass.

        Mi novela preferida de Fante es Espera a la primavera, Bandini (Wait until spring, Bandini, 1938) -llevada al cine en 1989 por un tal Dominique Deruddere, que podría haberse ahorrado la molestia-, que abre la tetralogía protagonizada por el álter ego del autor Arturo Bandini, completada por Pregúntale al polvo (Ask the dust, 1939) -el, otras veces, magnífico guionista Robert Towne escribió y dirigió (por decir algo) la adaptación cinematográfica de 2006 interpretada (por decir algo 2ª parte) por el infumable Colin Farrell, y que aquí se tituló Pregúntale al viento (al parecer la palabra “polvo” molestaba)-, Sueños de Bunker Hill (Dreams from Bunker Hill, 1982) y Camino de Los Ángeles (The road to Los Angeles, 1985), que en realidad fue la primera que escribió.

        La novela, situada en la época de la Gran Depresión, nos cuenta las andanzas, en el marco de una familia de emigrantes italianos, de un casi adolescente Arturo, sus travesuras y su carácter rebelde, su primer enamoramiento en la escuela, su convivencia con una madre fervientemente católica y con un padre, albañil sin demasiado trabajo, aficionado al juego, el vino y las mujeres, que deja su hogar para irse a vivir con una viuda rica…Tierna y divertidísima, pero con un poso de tristeza, escrita con una prosa sencilla que parece al alcance de cualquiera, y que, precisamente, suele ser la mejor y más difícil de conseguir, Espera a la primavera, Bandini participa de una doble temática presente en buena parte de la mejor narrativa estadounidense: la cara menos feliz del sueño americano y los problemas e inquietudes del mundo adolescente. 

        “El aire frío le humedeció los ojos. Eran castaños, eran dulces, eran ojos de mujer. Le había quitado los ojos a su madre al nacer, ya que después del nacimiento de Svevo Bandini, la madre no había sido ya la misma, achacosa siempre, siempre con expresión de enferma después del parto, hasta que murió, y a Svevo le tocó tener ojos castaños y dulces.

        Setenta kilos pesaba Svevo Bandini y tenía un hijo llamado Arturo que disfrutaba acariciándole los hombros musculosos y palpándole las culebras que le corrían por dentro. Era hombre apuesto Svevo Bandini, todo músculo, y su mujer, que se llamaba Maria, en cuanto pensaba en los músculos de los riñones del marido, el cuerpo y el espíritu se le derretían cual nieve de primavera. Era muy blanca esta Maria y mirarla era verla a través de una finísima capa de aceite de oliva.

        Dio cane. Dio cane. Quiere decir que Dios es un perro y Svevo se lo decía a la nieve. ¿Por qué habría perdido diez dólares aquella noche en una partida de póquer en los Billares Imperial? Era muy pobre y tenía tres hijos, y no había pagado los macarrones, ni la casa en que estaban los tres hijos y los macarrones. Dios es un perro.”

                     Traducción de Antonio-Prometeo Moya.

                     Publicada por Anagrama. 

 

 

El mejor cine de Sydney Pollack: LAS AVENTURAS DE JEREMIAH JOHNSON (1972) / YAKUZA (1975)

192497_1020_aA punto de terminar la década de los 60 Sydney Pollack dirigió Danzad, danzad, malditos (They shoot horses, don´t they?, 1969), su primera gran película, basada en una magnífica novela de Horace McCoy, publicada en España con el título ¿Acaso no matan a los caballos? Pocos años más tarde, el cineasta norteamericano realizaría las que me parecen, de largo, sus dos obras maestras, dos films que, en una época de profundos cambios en el cine de Hollywood, aún conservan el aroma del cine clásico, algo que, en el fondo, Pollack mantuvo, con mayor o menor acierto, durante toda su filmografía.

En Las aventuras de Jeremiah Johnson (Jeremiah Johnson), con un soberbio guión de John Milius y Edward Anhald, Pollack nos narra la historia de un hombre -interpretado por Robert Redford- que huye de la naciente civilización hacia las montañas para vivir en soledad, enfrentándose al frío, la nieve y los indios. Con un empleo magistral del scope (p.e. el encuadre de la cruz en la tumba, Jeremiah Johnson, y la mujer que ha enloquecido tras el ataque de los indios), Pollack demuestra que siendo un buen narrador puedes moverte en cualquier género (cómo evoluciona la relación entre Johnson, la india con la que es obligado a casarse, y el niño huérfano que ha perdido el habla, sólo a base de miradas, hasta el momento en que vuelve a quedarse solo), y consigue uno de esos westerns sin fisuras que se nos acaban sin darnos cuenta.

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yakusaYakuza (The Yakuza), con otro fantástico guión, firmado por los también directores Paul Schrader -admirador del cine japonés y autor de uno de los estudios más conocidos sobre el cineasta Yasujiro Ozu- y Robert Towne, y con Robert Mitchum en uno de sus últimos grandes papeles, es una historia de honor, deber, renuncia y soledad con el marco de la mafia japonesa como telón de fondo, en la que el tratamiento de los personajes y de la violencia bebe tanto del cine clásico americano como del japonés (en el fondo, directores como Ford o Mizoguchi hablaban idiomas parecidos). La larga escena de la última lucha, impresionante, recuerda el final de la película Harakiri (Seppuku, 1962), una de las mejores obras de Masaki Kobayashi, y no me extrañaría su influencia en la sobrevalorada Kill Bill (2003/2004) de Quentin Tarantino.

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     Editadas en DVD por Warner.