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MARTILLO PARA LAS BRUJAS (1970) de Otakar Vávra

En Alemania, a finales del siglo XV, dos dominicos inquisidores llamados Heinrich Kramer y Jakob Sprenger llevaron a la imprenta un tratado recopilatorio sobre brujería titulado Malleus Maleficarum, cuya traducción literal vendría a ser Martillo de los malvados. Por su contenido, es conocido como El martillo de las brujas, y desde su publicación y durante los siglos posteriores se convirtió en el manual indispensable, algo así como el libro de cabecera, de los tribunales de la Inquisición en los juicios por brujería. La estupenda película Martillo para las brujas (Kladivo na carodejnice) toma el título del tristemente famoso tratado para mostrarnos en toda su crudeza uno de esos procesos, el que ocurrió realmente en la localidad checa de Velke Losiny a finales del siglo XVII.

La terrible historia que narra el film de Otakar Vávra, cineasta perteneciente a la Nueva Ola checoslovaca, se inicia cuando el párroco local denuncia a una anciana por practicar la brujería y consigue que las autoridades recurran para hacerse cargo del caso al juez Boblig (Vladimír Smeral), un inquisidor ya retirado famoso por su inmisericordia con los acusados de tener tratos con el diablo. Tras recibir plenos poderes y la total confianza en su experiencia, Boblig instaura el terror con total impunidad y comienza a acusar indiscriminadamente a los habitantes de la comunidad, hasta llegar al presbítero Lautner (Elo Romancík), un religioso de ideas más modernas que se opone a la labor de Boblig, y a su sirvienta Susanna (Sona Valentová).

Quizá se le pueda criticar a Vávra el trazo excesivamente grueso con que repetidamente muestra al juez Boblig, el subrayado innecesario con que destroza al lascivo, alcohólico y avariento personaje con el fin de que nos repugne, objetivo sencillo de conseguir; pero en todo caso sería ese el único debe de una de las mejores películas en torno al tema de la caza de brujas que he visto. Desde las apariciones de esa especie de terrorífico maestro de ceremonias encapuchado, que parece dirigirse al espectador para advertirle sin tapujos del peligro que supone la sexualidad de las mujeres, hasta las escenas de la quema de los condenados en la hoguera, pasando por las que muestran los vergonzosos juicios y las torturas, Martillo para las brujas nos ofrece un arsenal de poderosas e impactantes imágenes -fotografía deslumbrante de Josef Illík- que ilustran de manera rigurosa las verdaderas causas de esa epidemia fanática, ignorante y, sobre todo, misógina que asoló Europa durante siglos.