Archive for the ‘Steven Spielberg’ Tag

ATTACK THE BLOCK (2011) de Joe Cornish

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En uno de los tantas veces recordados diálogos de Casablanca (1942) de Michael Curtiz, el mayor Strasser le pregunta a Rick su opinión sobre la posibilidad de que el ejército alemán invada Nueva York, y Rick le contesta que hay barrios de Nueva York en los que no les aconsejaría que se metieran. A saber si Joe Cornish pensó en la desafiante respuesta a la hora de escribir y filmar su primera película, pero sin duda le viene como anillo al dedo.

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En Attack the Block no son los nazis sino un nutrido grupo de extraterrestres con malas pulgas y aspecto de mono peludo el que ataca a todo lo que se mueve en un barrio londinense. Pero a él se enfrenta una banda de duros adolescentes orgullo de cualquier madre: fuman droga, trafican con ella, atracan a jóvenes indefensas, tienen armas y saben qué hacer con ellas. Vamos, un ejemplo de corrección. Igualitos a los protagonistas de esa ñoñez -eso sí, estupendamente filmada- que J.J. Abrams estrenó también en 2011 y que responde al título de Super 8.

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Con muchos menos medios y poco ánimo de trascender, pero dispuesto a que nadie se aburra ni un instante, Cornish nos ofrece en 80 minutos un cóctel de acción, comedia, transgresión, mala baba y sentido del ritmo cinematográfico, aderezado todo ello con unas gotas de sangre y la influencia, perfectamente asimilada, de las pelis de bichos foráneos filmadas por Spielberg o Joe Dante  y de cualquier wéstern o policiaco en el que Hawks, su alumno aventajado Carpenter y algunos otros mostraban a un grupo de personas asediadas en un espacio cerrado. De momento, Cornish  sólo es un discípulo de todos ellos que ha realizado una estupenda ópera prima, pero apuesto a que será conveniente seguirle la pista.

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Editada en DVD por Avalon.

EL PUENTE (1959) de Bernhard Wicki

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En 1958 se publicaba en Alemania la novela El puente (Die Brücke), escrita por Gregor Dorfmeister bajo el seudónimo Manfred Gregor. En ella, el autor relataba los hechos ocurridos en abril de 1945, cuando la 2ª Guerra Mundial tocaba ya a su fin: tanto él como sus compañeros de escuela fueron reclutados como soldados para defender el puente sobre el río Isaar, a la entrada de su propio pueblo. Dorfmeister fue el único superviviente de la absurda matanza; tenía 16 años.

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Basándose en el libro, el director y actor Bernhard Wicki realizó su película más famosa, merecedora del Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera en 1960, una obra maestra del cine bélico en su vertiente pacifista y uno de los films que mejor han retratado la sinrazón de la guerra y el efecto de la manipulación ideológica sobre los más jóvenes.

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Wicki divide la película en dos partes muy diferenciadas tanto en el contenido como en el tono que emplea. En la primera, nos muestra el día a día de los muchachos con sus familias y en la escuela: las clases a las que ya no hacen demasiado caso, emocionados ante la posibilidad de ser llamados a filas y convertirse en héroes; los primeros amores, el primer acercamiento al sexo y los primeros desengaños; la preocupación del maestro y de algunas de las madres, y el absurdo orgullo de otras, al ser finalmente reclutados…Pequeños fragmentos cotidianos que van caracterizando a los personajes y que volverán a nuestra memoria al finalizar la película para adquirir todo su sentido e importancia.

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La segunda parte, la que sobre todo ha hecho de El puente una película imperecedera y que probablemente dejó huella en el Spielberg de Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), nos narra la cruenta defensa del puente frente a los tanques americanos tras el breve adiestramiento de los pequeños soldados. Wicki filma una larga secuencia en la que, al amparo de la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Gerd von Bonin, se mezclan la valentía y el miedo, la infancia y la repentina madurez, el compañerismo y el horror ante la muerte, el orgullo por defender el puente y la tardía certeza de que nada tiene sentido. Imágenes imborrables, una tras otra, que culminan con el lento regreso hacia su casa, dejando tras de sí el cuerpo del último de sus compañeros, del único superviviente de la batalla, el muchacho que años más tarde contará la historia.

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Editada en DVD por Avalon (Filmoteca FNAC).

SOY LEYENDA de Richard Matheson

La gran novela de Richard Matheson Soy leyenda (I am legend, 1954) ha sido llevada al cine oficialmente en tres ocasiones: El último hombre sobre la tierra (The last man on earth, 1964), con Vincent Price y dirigida por Sidney Salkow y Ubaldo Ragona, El último hombre…vivo (The Omega man, 1971) de Boris Sagal, con Charlton Heston, y Soy leyenda (I am legend, 2007), dirigida por Francis Lawrence y con Will Smith como protagonista. Si las tres logran mantener el interés es básicamente gracias a la historia que adaptan y no por méritos propios. Por suerte, los que gustamos de la literatura de Matheson siempre podemos acudir a El increíble hombre menguante (The incredible shrinking man, 1956) de Jack Arnold y a El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) de Steven Spielberg, sin olvidar los episodios que recreaban sus historias de La dimensión desconocida (Twilight zone).

        Soy leyenda nos sitúa en un futuro en el que, tras una guerra bacteriológica, los supervivientes se han convertido en vampiros. Todos, excepto Robert Neville, cuya vida se reduce a buscar y asesinar durante el día a todos los vampiros que puede y a defenderse de sus ataques durante la noche. A caballo, pues, entre el terror y la ciencia-ficción, la novela de Matheson no se limita a ser un mero entretenimiento de género, sino que nos muestra la delgada línea que separa el bien del mal y lo que es normal de lo que no cuando sólo una persona representa las ideas convencionales, cuando esa persona es vista como un monstruo por todos los demás. Por otro lado, la soledad del hombre en su lucha contra una situación que le supera -posiblemente el gran tema de la literatura de Matheson- está también presente en esta novela cuya influencia se ha dejado notar en la literatura posterior. Sin ir más lejos, y aunque quizás sea aventurar demasiado, la lectura de La carretera (The road, 2006) de Cormac McCarthy me recordó algunas de las ideas ya presentes en Soy leyenda.

        “Pero luego el silencio cubrió las cabezas, como una manta pesada. Todos volvieron hacia Neville unos rostros pálidos. Neville los observó serenamente. Y de pronto comprendió. Yo soy el anormal ahora. La normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de un solo hombre.

        Y comprendió, también, la expresión de aquellos rostros: angustia, miedo, horror. Tenían miedo, sí. Era para ellos un monstruo terrible y desconocido, una malignidad más espantosa aún que la plaga. Un espectro invisible que había dejado como prueba de su existencia los cadáveres desangrados de sus seres queridos. Y Neville los comprendió, y dejó de odiarlos. La mano derecha apretó el paquetito de píldoras. Por lo menos el fin no llegaría con violencia, por lo menos no habría una carnicería…

        Neville miró los nuevos habitantes de la Tierra. No era como ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían destruir. Y de pronto, nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.

        Tosió atragantándose. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se metía las píldoras en la boca. Se cierra el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo.

        Soy leyenda.”

                       Traducción de Manuel Figueroa.

                       Publicada por Ediciones Minotauro.

ENVIADO ESPECIAL (1940) de Alfred Hitchcock

Este film era una fantasía y, como en cada ocasión en que realizo una fantasía, no permití a la verosimilitud que hiciera su desdichada aparición. (Alfred Hitchcock a François Truffaut)

Tras el gran éxito conseguido con Rebeca (Rebecca, 1940) Hitchcock se hace cargo de un proyecto de bajo presupuesto titulado Enviado especial (Foreign correspondent), una película de espías ambientada en Holanda que se parece más a las de su etapa inglesa que a las que posteriormente rodaría en Hollywood, con Joel McCrea (de quien Hitchcock no tenía demasiado buena opinión) como protagonista y George Sanders y Herbert Marshall de secundarios de lujo.

        El periodista encarnado por McCrea es enviado a Europa como corresponsal para informar sobre la marcha de la guerra pero, como no podía ser de otro modo, se ve inmerso en una trama de espionaje con los nazis de por medio, con lo cual ya tenemos al típico héroe inocente metido de repente en un montón de líos, una de esas ideas argumentales tan queridas por el cineasta británico.

        A menudo tachada de obra menor, cuando no de simple producto propagandístico de la intervención americana en la 2ª Guerra Mundial, Enviado especial es una magnífica película que brillaría mucho más si no estuviera rodeada de tantas obras maestras, y sólo por dos fragmentos, que podrían aparecer en cualquier antología del cine de Hitchcock, ya sería obligada la visita: la escena en que el periodista se da cuenta de que las aspas de un molino se mueven en dirección contraria al viento, con lo cual sospecha que el tipo al que perseguían puede estar dentro emitiendo señales para que aterrice un avión, y el asesinato bajo la lluvia, con la multitud protegida por los paraguas, un momento de gran cine que sólo podía venir de Hitchcock y que ha sido imitado en varias ocasiones, sin ir más lejos por Spielberg en Minority Report (2002).

                            Editada en DVD por Vella Visión.

LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS (1978) de Philip Kaufman

Al adaptar la novela de Jack Finney Los ladrones de cuerpos (The body snatchers, 1955), Don Siegel realizó una de sus mejores películas: La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers, 1956), que se convertiría en uno de los grandes clásicos del cine de ciencia-ficción y que dio lugar a las más variadas interpretaciones, en ocasiones incluso contradictorias (algunos opinaron que era un ataque contra el macartismo y otros que atacaba al comunismo).

        El director y guionista Philip Kaufman -suyos son los guiones, al menos en parte, de las excepcionales El fuera de la ley (The outlaw Josey Wales, 1976) de Clint Eastwood, y En busca del arca perdida (Raiders of the lost ark, 1981) de Steven Spielberg- realizó una nueva adaptación de la novela de Finney -con el mismo título original que la de Siegel, aunque aquí se llamó La invasión de los ultracuerpos– y también dio en la diana: aunque sigue a la sombra de su predecesora, no tiene mucho que envidiarle.

        De la mano de Kaufman, la historia de las vainas gigantes llegadas del espacio que dan a luz réplicas exactas de los seres humanos, cuando éstos se quedan dormidos, para ocupar su lugar y dominar el planeta, se convierte en un film mucho más terrorífico, pero dando prioridad siempre a los personajes y a la visión de un mundo dominado por unos seres que, aunque iguales físicamente a nosotros, son incapaces de pensar y de tener sentimientos.

        Con un gran reparto en el que destaca, cómo no, Donald Sutherland, y con breves apariciones de Robert Duvall, del propio Don Siegel y de Kevin McCarthy (el protagonista de la primera adaptación), La invasión de los ultracuerpos nos guarda, además, uno de los más impactantes finales del género.

                  Editada en DVD por Metro Goldwyn Mayer.

KUROSAWA. Un documental sobre la vida del maestro

Como complemento a la autobiografía de Kurosawa que desde hace ya varios años tenemos a nuestro alcance en su traducción al español, nada mejor que echarle un vistazo a este extenso documental, dirigido por Adam Low, que nos acerca aún más la vida y las películas de quien es considerado, junto a Mizoguchi, Ozu y Naruse, uno de los cuatro grandes del cine japonés, y el más accesible a la mirada occidental.

        A través de la narración de Sam Shepard y los testimonios del propio cineasta, su familia, y varios de sus colaboradores, las imágenes nos muestran los momentos más decisivos de la vida de Kurosawa -la estricta educación recibida, el suicidio de su hermano, la crisis tras el fracaso de su propia productora al estrenar Dodes´ka-Den (1970), que le lleva a no encontrar financiación en su propio país y a un intento de suicidio, etc- y de su trayectoria como director, desde sus inicios como guionista en films propagandísticos y los primeros trabajos como realizador durante la guerra y la ocupación estadounidense, pasando por sus grandes obras maestras -que descubren el cine japonés a gran parte de la crítica europea y que son, algunas de ellas, objeto de remakes-, hasta sus últimos films producidos en el extranjero, con capital soviético Dersu Uzala (1975) y con capital norteamericano (Lucas, Coppola y Spielberg) desde Kagemusha (1980) hasta Madadayo (1993), su testamento cinematográfico.

           Editado en DVD por Filmax.