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ME HICIERON UN FUGITIVO (1947) de Alberto Cavalcanti

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They_Made_Me_A_Fugitive_1947_-_English_fBrasileño de nacimiento, nómada que paseó su cámara desde los años 20 por Francia, Italia, Alemania y, sobre todo, Inglaterra, Alberto Cavalcanti me parece uno de esos cineastas de breve y poco conocida filmografía sobre los que valdría la pena indagar. Las pocas películas suyas que he podido ver muestran a un director en absoluto convencional, a un creador inquieto de no pocos momentos de cine genial, valiente e innovador.

Hace tiempo ya estuvo por aquí con Al morir la noche (Dead of night, 1945), una película fantástica de episodios en la que compartía autoría con otros tres cineastas, y ahora le toca el turno a Me hicieron un fugitivo (They Made Me a Fugitive), en mi opinión una de las obras maestras ignoradas del cine negro.

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En el film de Cavalcanti aparecen, por supuesto, varias de las constantes del género: una fotografía espectacular, cortesía de Otto Heller; unos diálogos maravillosamente escritos para una galería de personajes, tanto los principales como los secundarios, perfectamente construidos (guion de Noel Langley a partir de la novela de Jackson Budd), y una historia repleta de persecuciones y violencia sobre un delincuente de poca monta llamado Morgan (Trevor Howard) que es traicionado por su banda de traficantes y, tras escapar de la cárcel, acechado por la policía y por sus antiguos compinches, liderados por Narcy, un malo antológico (Griffith jones).

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Todos estos elementos ya harían de Me hicieron un fugitivo una película estupenda, pero lo que la hace especialmente singular es la dirección de Cavalcanti, su forma de “vestirla”, su arriesgada concepción de la puesta en escena y del encuadre, sus audaces recursos visuales, su barroquismo nunca gratuito, que en ocasiones me recuerda al del cine de Orson Welles: picados y contrapicados, a menudo mostrando primeros planos; extensas secuencias que parecen interrumpir la acción principal, pero que acaban enriqueciéndola (tras escapar de la cárcel, Morgan se refugia en una casa cuya dueña lo ayuda para después proponerle que mate a su marido; un camionero lo recoge en la carretera y las mutuas desconfianzas se muestran en un diálogo delirante, casi surrealista); rejas que separan a dos personas y que desaparecen de nuestra vista al mostrar a ambos personajes de perfil, uno frente al otro; espejos que deforman el rostro de Narcy para mostrar su maldad, como si de un Dorian Gray se tratara, justo antes de dar rienda suelta a toda su violencia y su locura, momento que Cavalcanti muestra haciendo girar la cámara y al personaje como una noria… Detalles y más detalles de cine grande, de cine inconformista que busca enriquecer al máximo la forma de contar una buena historia, de la mano de un director al que probablemente la Historia del Cine algo le deba.

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Editada en DVD por Crest Films.

 

AMIGOS APASIONADOS (1949) de David Lean

La historia del cine está repleta de grandes injusticias cinéfilas, de películas relegadas a un olvido tan grande como el talento de quienes las filmaron. Amigos apasionados (The passionate friends), una absoluta maravilla del cine romántico, es una de las muchas obras maestras que realizó David Lean a pesar de su corta filmografía y, a la vez, una de las menos vistas y aún menos citadas. Quizá la razón de ese olvido sea que tiene varios aspectos en común con su hermana mayor Breve encuentro (Brief encounter, 1946), una de las mejores películas de siempre y cuya mención, como ocurre demasiado a menudo con otros films, suele barrer de un plumazo todo el cine de Lean anterior a sus grandes superproducciones.

        Adaptación de la novela homónima de Herbert George Wells (sí, el mismo de La máquina del tiempo o El hombre invisible) a cargo del gran Eric Ambler, con Ann Todd y Trevor Howard como protagonistas, el film cuenta, al igual que hacía Breve encuentro y con el mismo actor, una historia de amor adúltero, aunque aquí cobra mucho mayor protagonismo la figura del marido (inmenso, como siempre, Claude Rains), hacia quien, curiosamente, irá dirigida nuestra simpatía, y su estructura es mucho más compleja, narrando el romance a través de varios años con continuos saltos en el tiempo. Repleta de pequeños detalles memorables y de escenas de una elegancia insuperable (Ann Todd despidiéndose de Trevor Howard desde el balcón, observada por nosotros y por Claude Rains a través de las cortinas, o el instante en que ella piensa en el suicidio en el andén del metro), con tiempo incluso para un momento de puro suspense, protagonizado por Claude Rains y unos prismáticos, que habría filmado sin dudar el mejor Hitchcock, Amigos apasionados demuestra de nuevo que, desde sus inicios hasta su testamento cinematográfico con Pasaje a la India (A passage to India, 1984), David Lean fue, sencillamente, uno de los más grandes.

        Quizá sólo el nuevo aficionado al cine que viera ahora Breve encuentro Amigos apasionados, sin tener ni idea del enorme prestigio de la primera y del absurdo olvido de la segunda, podría valorar realmente si existe tanta diferencia entre ambas y hasta qué punto se ha sido injusto con esta maravillosa película.

               Editada en DVD por Filmax.