Archive for the ‘Western’ Tag

ON DANGEROUS GROUND (1952) de Nicholas Ray

Conocida por estos lares como La casa en la sombra y como La casa de las sombras, y fechada, según la fuente que se consulte, en 1950, 1951 o 1952, On dangerous ground es una de las películas más extrañas y atípicas de una filmografía ya de por sí única e intransferible, en la que, más allá de sus logros y sus fracasos, siempre estuvo presente la fuerza y la pasión que Ray contagiaba a sus historias, sus personajes y sus imágenes.

        La primera parte del film es un policiaco urbano y nocturno que se da la mano con el cine negro básicamente por la presencia del protagonista Jim Wilson (Robert Ryan), un policía solitario y desengañado, adusto con sus compañeros y con sus conocidos, que emplea la violencia con los delincuentes como un modo de expresión de su forma de ser, algo así como un Harry Callahan amargado y sin chulería. Negrísimo y claustrofófico, este fragmento termina cuando sus superiores, hartos de los métodos de Wilson, se lo quitan de encima enviándolo a un pueblo del norte para capturar al asesino de una chica.

        Al llegar al pueblo, Wilson conoce al padre de la muchacha asesinada (Ward Bond), otro tipo pasado de rosca que intenta cazar por su cuenta al asesino, y a la hermana del sospechoso, Mary, la mujer ciega que, en uno de los grandes detalles del guión de A. I. Bezzerides, ha de tocar siempre la planta que cuelga del techo del salón para orientarse, metáfora de su propio desconcierto ante la situación. A partir de aquí la película se transforma en todos los sentidos: el cine negro deja paso al western (el paisaje nevado, la caza del criminal en las montañas) y al melodrama, la fotografía oscurísima del principio se convierte en blancura y luminosidad casi dreyerianas, las cuerdas de la excepcional banda sonora de Bernard Herrmann abandonan por momentos su habitual nerviosismo hasta adquirir un tono triste y romántico, y el violento Jim Wilson, ante la humanidad y el desamparo de Mary, toma conciencia de su naturaleza y, abandonando sus antiguos métodos, intenta que el chico se entregue.

         A pesar de que me parece una de las mejores películas de Nicholas Ray, una extraordinaria rareza que difícilmente habría llegado a buen puerto en manos de otro cineasta, su final, teniendo en cuenta tanto el desarrollo de la historia como el resto de su filmografía, apesta a imposición de la productora. Aunque puestos a pensar bien, quizás el bueno de Ray quiso darle a Jim Wilson todo lo que le negó al Dixon Steele que interpretó Humphrey Bogart en su obra maestra En un lugar solitario (In a lonely place, 1950).

                  Editada en DVD por Manga Films.

SEVEN MEN FROM NOW (1956) de Budd Boetticher

El guionista Burt Kennedy y el cineasta Budd Boetticher reconocían que la mejor escena que habían escrito y dirigido respectivamente pertenecía a Seven men from now. Es la escena nocturna (maravillosamente iluminada) en que los cuatro protagonistas están tomando café dentro de una carreta. El pistolero Masters (Lee Marvin) explica una historia que, en realidad, es lo que les está ocurriendo a los otros tres personajes. Miradas y gestos que anticipan buena parte de lo que ocurrirá después, en uno de mis momentos preferidos del género.

        Budd Boetticher fue uno de los grandes directores de westerns, y en su filmografía destacan los siete que rodó con Randolph Scott como protagonista. Son films breves, pequeñas historias, itinerarios personales magníficamente narrados y dialogados. Seven men from now es el primero de ellos y uno de los mejores, y una buena muestra de cómo trabajaban Boetticher y Kennedy. El film comienza con una noche lluviosa y Randolph Scott entrando de espaldas en el plano. Se dirige al lugar donde dos hombres acampan alrededor de una fogata. Tras un café y un breve diálogo repleto de insinuaciones, que bien podría pertenecer al cine negro, Boetticher cambia a un plano de los caballos y entonces oímos los disparos. La película, a los amantes del género, ya nos ha atrapado. A partir de aquí iremos conociendo poco a poco -a través de las acciones de los personajes que van apareciendo, de lo que dicen y de lo que callan- el origen de la historia, lo que no se nos ha mostrado. Muchos cineastas habrían filmado una película de dos horas con la historia completa. Boetticher demuestra no sólo que no era necesario, sino que funciona mucho mejor así.

        Con un Lee Marvin que, como siempre, se sale, y una guapísima Gail Russell en el mejor papel de su corta carrera (la encontraron muerta en su cama, a los 36 años, rodeada de botellas de vodka), esta crónica sobre una venganza y sobre un cofre repleto de dinero es una pequeña obra maestra del western, y demuestra que con pocos medios y en poco más de una hora se puede contar una buena historia de la mejor manera posible.

                 Editada en DVD por Paramount.

RÍO CONCHOS (1964) de Gordon Douglas

En la irregular filmografía del todorreno Gordon Douglas en204709_1020_Acontramos películas de todo género y condición. Desde historias al servicio de Laurel y Hardy o Elvis Presley a insensateces como el remake de La diligencia (Stagecoach, 1939) de John Ford, que aquí se tituló Hacia los grandes horizontes (1966), pasando por series B de ciencia-ficción como la magnífica La humanidad en peligro (Them!, 1954). A finales de los sesenta realizó una trilogía policiaca con Frank Sinatra de protagonista, que a mí no me entusiasma pero es de lo más conocido de su cine: Hampa dorada (Tony Rome, 1967), La mujer de cemento (The lady in cement, 1968) y El detective (The detective, 1968).

        Para encontrar lo mejor del cine de Douglas hemos de acudir, salvo en el citado remake, a sus westerns: Sólo el valiente (Only the valiant, 1951), con Gregory Peck, un film claustrofóbico no del todo conseguido, pero con grandes momentos cercanos al cine de terror; Emboscada (Yellowstone Kelly, 1959), Chuka (1967) y, sobre todo, Río Conchos, que si no es una obra maestra se le parece mucho.

        La primera escena de la película -Lassiter (enorme Richard Boone) se encuentra con una partida de apaches y, sin mediar palabra, los asesina- ya nos advierte de que estamos ante un western absolutamente libre, que no responde a los arquetipos del género, de una fisicidad como pocas veces se ha visto (el polvo, el barro, la lluvia, el sudor de los hombres, aparecen más reales y agobiantes que nunca) y de una enorme violencia física y moral. Aquí ya no aparecen los hábiles pistoleros, ni la caballería salvadora, no hay héroes ni espacio para la leyenda, ni siquiera buenos y malos; los personajes son y actúan determinados por sus circunstancias, sabiendo que ya no hay segunda oportunidad para ellos: Lassiter, cuya familia fue torturada y asesinada por los apaches y que dedica su vida a una venganza contra todo apache que encuentra; Rodríguez (Tony Franciosa), el mejicano que todo lo que ha hecho en la vida ha sido robar y matar; Purdee (Edmond O´Brien, uno de los grandes de siempre), el coronel sudista que se niega a rendirse y que pretende reanudar la guerra con un ejército de mejicanos y apaches… Y Douglas los muestra en toda su naturaleza, sin enjuiciarlos, a través de sus acciones y sus gestos: éste es un western eminentemente visual, de personajes que hacen mucho y hablan poco.

        Escenas como el encuentro del grupo con los ladrones mejicanos, la muerte del bebé en brazos de la muchacha india, Rodríguez aprovechando que empujan un carro para afilar su cuchillo en una rueda, la tortura a que son sometidos Lassiter, Haven y Franklyn, o el momento final, magistralmente filmado y absolutamente consecuente con el itinerario de los personajes, hacen de Río Conchos un western que transita nuevos caminos y que siempre se me antoja hermanado con La venganza de Ulzana (Ulzana´s raid, 1972) de Robert Aldrich.

                                 Editada en DVD por Fox.

El mejor cine de Sydney Pollack: LAS AVENTURAS DE JEREMIAH JOHNSON (1972) / YAKUZA (1975)

192497_1020_aA punto de terminar la década de los 60 Sydney Pollack dirigió Danzad, danzad, malditos (They shoot horses, don´t they?, 1969), su primera gran película, basada en una magnífica novela de Horace McCoy, publicada en España con el título ¿Acaso no matan a los caballos? Pocos años más tarde, el cineasta norteamericano realizaría las que me parecen, de largo, sus dos obras maestras, dos films que, en una época de profundos cambios en el cine de Hollywood, aún conservan el aroma del cine clásico, algo que, en el fondo, Pollack mantuvo, con mayor o menor acierto, durante toda su filmografía.

En Las aventuras de Jeremiah Johnson (Jeremiah Johnson), con un soberbio guión de John Milius y Edward Anhald, Pollack nos narra la historia de un hombre -interpretado por Robert Redford- que huye de la naciente civilización hacia las montañas para vivir en soledad, enfrentándose al frío, la nieve y los indios. Con un empleo magistral del scope (p.e. el encuadre de la cruz en la tumba, Jeremiah Johnson, y la mujer que ha enloquecido tras el ataque de los indios), Pollack demuestra que siendo un buen narrador puedes moverte en cualquier género (cómo evoluciona la relación entre Johnson, la india con la que es obligado a casarse, y el niño huérfano que ha perdido el habla, sólo a base de miradas, hasta el momento en que vuelve a quedarse solo), y consigue uno de esos westerns sin fisuras que se nos acaban sin darnos cuenta.

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yakusaYakuza (The Yakuza), con otro fantástico guión, firmado por los también directores Paul Schrader -admirador del cine japonés y autor de uno de los estudios más conocidos sobre el cineasta Yasujiro Ozu- y Robert Towne, y con Robert Mitchum en uno de sus últimos grandes papeles, es una historia de honor, deber, renuncia y soledad con el marco de la mafia japonesa como telón de fondo, en la que el tratamiento de los personajes y de la violencia bebe tanto del cine clásico americano como del japonés (en el fondo, directores como Ford o Mizoguchi hablaban idiomas parecidos). La larga escena de la última lucha, impresionante, recuerda el final de la película Harakiri (Seppuku, 1962), una de las mejores obras de Masaki Kobayashi, y no me extrañaría su influencia en la sobrevalorada Kill Bill (2003/2004) de Quentin Tarantino.

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     Editadas en DVD por Warner.

LA COSECHA DE DASHIELL HAMMETT (y II)

Sergio Leone inaugura su famosa Trilogía del dólar , en 1964 yeastwood-dolares con un semidesconocido entonces Clint Eastwood, filmando Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari), abanderada de lo que se conocería como spaguetti-western. El filme no se basa en la novela de Hammett sino que bebe directamente de la película de Kurosawa, con el mismo argumento y un pistolero sin nombre, hierático y silencioso, que hace las veces de samurai. Según Leone, su película quería homenajear a Yojimbo, pero la productora japonesa puso una denuncia por plagio. Durante los dos años siguientes el director italiano completaría la trilogía con las superiores La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in pìu, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), dos westerns que son, además, dos grandes comedias.

        En 1990, y con sólo dos películas en su haber, los hermanos Coen van y consigumuerte_entre_las_floresen el que para mí sigue siendo su mejor film, un pedazo de obra maestra titulada Muerte entre las flores (Miller´s crossing). Para ello elaboran una compleja trama que toma prestados elementos tanto de Cosecha roja como de La llave de cristal (The glass key, 1931), otra gran novela de Hammett que ya había sido llevada al cine con el mismo título en 1942, de la mano del director Stuart Heisler y con Alan Ladd de protagonista. Con una ejemplar recreación de la época, unos impresionantes actores con ese monstruo de la interpretación que lm02132es Albert Finney a la cabeza, y una sublime estilización de la violencia (la escena del tirotero con ametralladoras es pura coreografía), los Cohen realizan una tremenda recreación del universo hammettiano y una de las obras clave del cine de los 90. Años más tarde, con El gran Lebowski (The big Lebowski, 1998), logran una de las películas más originales y delirantes del cine americano, una divertidísima burrada que siempre me ha parecido un homenaje paródico a la obra de otro grande de la novela negra, Raymond Chandler. Lástima que lleven tiempo en baja forma. Ni siquiera con un material de primer orden como es la novela de Cormac McCarthy No es país para viejos (No country for old men, 2last_man_standing_ver13005) han conseguido volver a hacer un film a la altura de sus mejores logros de la anterior década. 

        El irregular Walter Hill retoma la historia, en esta ocasión convenientemente acreditada, para dirigir El último hombre (Last man standing, 1996), con un Bruce Willis en su salsa en el papel que interpretaron Eastwood y Mifune, y Cristopher Walken dándole la oportuna réplica. Una magnífica película, con un ritmo que no decae en ningún momento y unas escenas de acción soberbiamente filmadas por un director que demuestra lo gran narrador que es (a veces). 

          Cosecha roja, junto al resto de la obra de Dashiell Hammett, está publicada por Alianza Editorial.

LOS PROFESIONALES (1966) de Richard Brooks

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Cineasta reconocido mayormente por sus adaptaciones de grandes obras literarias, entre las que destacan, en mi opinión, Lord Jim (1965), según la novela de Joseph Conrad, y A sangre fría (In cold blood, 1967), basada en el celebérrimo texto de Truman Capote, Richard Brooks visitó el género western en tres ocasiones con magníficos resultados: La última cacería (The last hunt, 1956), con un Robert Taylor de malo malísimo, en un papel que no frecuentaba, y con un final digno de un film de terror; la nostálgica y desenfadada Muerde la bala (Bite the bullet, 1975); y Los profesionales (The professionals, 1966), la mejor de las tres y una de las obras maestras de Brooks.

        Con Burt Lancaster, Lee Marvin, Robert Ryan y una Claudia Cardinale en todo su esplendor (palabras mayores) llenando la pantalla; con unos diálogos geniales puestos en boca de unos personajes desencantados y cínicos pero que conservan su idealismo, el film guarda una gran influencia del cine de aventuras, lo cual contribuye decisivamente a lograr un ritmo a prueba de balas y lo entronca con la magnífica Veracruz (1954), de Robert Aldrich.

        Sin abundar ni necesitar hacerlo en el aroma épico y romántico, en la complejidad extrema de los personajes, en el aire de leyenda o el tono crepuscular de algunas de las mejores aportaciones de Ford, Mann o Peckinpah, Los profesionales consigue ser una obra magna del género que se disfruta tantas veces como se vuelva a ella, lo cual no deja de ser lo más importante.

                        Editada en DVD por Columbia.

EL SEDUCTOR (1971) de Don Siegel

3367389937Clint Eastwood siempre ha reconocido su deuda con, entre otros directores, Sergio Leone y Donald Siegel. Si la obra del primero no ha hecho sino revalorizarse con el paso del tiempo, Siegel sigue siendo considerado por muchos como el realizador de algunas buenas películas y de bastantes pestiños.

     En 1971 dirigió dos películas: la celebérrima Harry el sucio (Dirty Harry) y El seductor (The beguiled), su film más extraño y personal, y un fracaso en taquilla. Ambientada en la Guerra de Secesión norteamericana, El seductor es un cuento macabro, una versión malsana de Blancanieves y los siete enanitos, plena de erotismo y violencia soterrada, aún más ominosa por lo que se insinúa que por lo que se muestra. Es uno de esos films que mezclan géneros para alcanzar lo inclasificable, como La noche del cazador (The night of the hunter, 1955), aquella obra maestra de Charles Laughton que sirvió para que no volviera a ponerse detrás de una cámara.

     Editada en DVD por Universal.

LA VENGANZA DE ULZANA (1972) de Robert Aldrich

Robert Aldrich, cineasta que pertenece a la que ha sido denominada como “generación de la violencia” (os remito al magnífico estudio de la revista Nosferatu de octubre del 2006 titulado La “generación de la violencia” del cine norteamericano) realizó cuatro westerns a lo largo de su carrera: Apache (1954), Veracruz (1954), El último atardecer (The last sunset,1961) y La venganza de Ulzana (Ulzana´s raid,1972), el mejor de todos y la obra maestra de su autor. Dos de ellos tienen similar argumento (en Apache, Burt Lancaster da vida al indio perseguido, en La venganza de Ulzana interpreta al explorador del ejército perseguidor, un personaje cansado, desengañado, que me recuerda a los creados para Visconti y Louis Malle en El gatopardo (Il gattopardo,1963) y Atlantic City (1980) respectivamente), pero el tratamiento que les otorga Aldrich es radicalmente distinto. Si Apache, aún siendo un film apreciable, pecaba de ingenuidad y de “mensaje”, La venganza de Ulzana es triste, seca, directa, como un lingotazo de whisky y, por momentos, cercana al cine de terror.

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Pocas veces el género ha tratado la violencia de forma tan real y cercana y, a la vez, sin remarcarla, sin cargar las tintas -los peores momentos no se muestran, creando aún más desasosiego-. Lo que en Grupo salvaje (The wild bunch,1969) era coreografía de una violencia que sentimos alejada gracias a la cámara lenta, y en el engendro perpetrado por Ralph Nelson Soldado azul (Blue soldier,1970) era puro gore y chabacanería, en el film de Aldrich es fisicidad, elegancia narrativa y ausencia de énfasis innecesario, similar a lo que consigue Gordon Douglas en su gran western Río Conchos (1964).

Editada en DVD por Universal.