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CRIMEN Y CASTIGO (1970) de Lev Kulidzhanov

De todas las obras de Fiódor Dostoievski, probablemente sea Crimen y castigo (Prestuplenie i nakazanie,1866) la más conocida y la que mayor presencia haya tenido en el cine, ya sea como fuente de inspiración de argumentos originales, caso, por ejemplo, de la soberbia Match Point (2005), de Woody Allen, ya sea en adaptaciones más o menos fieles de la novela. De estas últimas, he podido ver la firmada por Robert Wiene en 1923, de estilo muy similar al de El gabinete del doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920); la francesa de Pierre Chenal y la estadounidense de Josef von Sternberg, ambas estrenadas en 1935, que no están mal; la versión mejicana dirigida por Fernando de Fuentes en 1951, que es la que más se aparta del texto original y la que destaca más el elemento religioso, ya presente en la novela, y la soviética de Lev Kulidzhanov, que algunas fuentes datan en 1970 y otras, en 1969 y que me parece la mejor de todas.

Con guion del propio Kulidzhanov y de Nicolai Figurovsky y con casi tres horas y media de duración, que a los amantes de Dostoievski y del buen cine no se les harán largas, Crimen y castigo nos lleva de nuevo a la conocidísima historia de Rodión Románovich Raskólnikov (interpretación impresionante de Georgi Taratorkin), el estudiante sumido en la pobreza que, amparado en sus peregrinas razones de superioridad moral, asesina a la usurera con la que tiene tratos y, al sorprenderle en el lugar del crimen, a la hermana de esta y que desde ese momento se verá acuciado por las dudas respecto a sus ideas y por los remordimientos. Junto a él, entre otros personajes, Sonia (Sofía) Semiónovna, la joven prostituta de la que se enamora y a la que confiesa su crimen; Arkadi Ivánovich Svidrigáilov, pretendiente de la hermana de Raskólnikov y figura turbia y ambigua como pocas, y, sobre todo, el juez de instrucción Porfirii Petróvich (Innokenti Smoktunovski), cuyas conversaciones con Raskólnikov protagonizan algunos de los mejores momentos de la novela y de la película. Creaciones todas ellas fascinantes, complejas y enormemente humanas, como la mayor parte de las que surgieron de la imaginación del genial escritor ruso.

A pesar de que, siendo exigentes, a esta Crimen y castigo se le puede achacar cierta blancura académica, cierta falta de genialidad y de personalidad en su puesta en escena, quizá debidas al excesivo respeto por el texto original, lo que resulta innegable es la fuerza de sus imágenes -tremendas, sobre todo, la secuencia del doble asesinato y la de la confesión de Svidrigáilov a Dunia, la hermana de Raskólnikov, hacia el final del film-, conseguida sobre todo gracias a un sobresaliente elenco de actores y actrices y a la fotografía de Vyacheslav Shumsky, que la sitúa, en mi opinión, a pocos pasos de la obra maestra y hace de ella la mejor forma que nos haya dado el cine de acceder a una de las grandes historias de la literatura.

 

 

Un poema de Edward Estlin Cummings

En una escena de Hannah y sus hermanas (Hannah and her sisters, 1986), eecummingsuna de las grandes películas de Woody Allen, de las que últimamente ya no acostumbra a hacer, el personaje de Lee (Barbara Hershey) lee un fragmento de un poema de e.e.cummings (1894-1962), escritor individualista y a contracorriente, narrador, autor teatral y pintor además de poeta, tan atacado como admirado, y que gustaba de escribir los nombres propios, incluido el suyo, en minúsculas.

El fragmento que se lee en el film de Allen corresponde al poema nº LVII de su libro W (ViVa), publicado en 1931. En España se puede encontrar en la antología  de 1996 titulada Buffalo Bill ha muerto (Ediciones Hiperión).

Aquí dejo el poema íntegro, en traducción de José Casas.

en algún lugar adonde nunca he ido, gozosamente más allá

de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:

en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,

o que no puedo tocar porque están demasiado cerca

tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo

aunque me haya cerrado como unos dedos,

tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera

(tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa

o si tu deseo fuera cerrarme, yo y mi vida

nos cerraremos muy delicadamente, de repente,

como cuando el corazón de esta flor imagina

la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;

nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala

el poder de tu intensa fragilidad: su textura

me domina con el color de sus países,

produciendo muerte y eternidad a cada latido

(no sé qué hay en ti que se cierra

y se abre; pero algo en mí comprende

que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)

nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas

SUEÑOS DE SEDUCTOR (1972) de Herbert Ross

Herbert Ross, responsable de haber conseguido la última obra maes464296_1020_a2tra del musical americano, Dinero caído del cielo (Pennies from heaven, 1981), fue el encargado de llevar al cine, con el mismo título, la obra teatral escrita por Woody Allen Play it again, Sam, que aquí se tituló Sueños de seductor. El propio Allen interpreta al protagonista, un crítico de cine divorciado con problemas en el trato con las mujeres, obsesionado con la película Casablanca, y que, mientras lleva a cabo sus infructuosos intentos de acercamiento al otro sexo, mantiene conversaciones hilarantes consigo mismo y con el fantasma de Humphrey Bogart.

        Resulta difícil destacar un gag o una línea de diálogo de esta comedia absolutamente genial, a la que Ross dota de un ritmo trepidante y de un par de magníficas ideas visuales -p.e. el montaje en repetición del imaginado acercamiento sexual de Allen a su amiga Linda (Diane Keaton)-, pero que gira absolutamente alrededor de la interpretación y el guión de quien, pocos años antes, había comenzado su carrera como director. Muy superior a esos films primerizos dirigidos y escritos por Allen, Sueños de seductor me parece, sencillamente, una de las películas más divertidas de la historia del cine, y lo sigue siendo aunque la volvamos a ver varias veces.

               Editada en DVD por Paramount.

ALL ABOUT CASSAVETES

El documental del año 2000 Íntimo Cassavetes (A constant forge), ddvd_-_filmoteca_fnac1e Charles Kiselyak, es el mejor y más completo estudio sobre un director de cine que se haya editado en España. Durante más de tres horas nos introduce a la vida y la obra del cineasta John Cassavetes (Nueva York, 1929-1991), padre del hoy tan popular y, a menudo, sobrevalorado cine independiente, protagonista de una de la filmografías más personales y distintas de todo el cine americano.

        Profusamente ilustrado con escenas de sus películas, fotografías de archivo, entrevistas con sus actores y con otros directores, y opiniones de estudiosos y admiradores de la obra de Cassavetes, el documental de Kiselyak rinde homenaje a un cine a flor de piel, cuyas imágenes parecen sacadas directamente de la realidad sin pasar por la sala de montaje, cuyos temas son los más cercanos: el amor, la amistad, el sexo, la soledad, el miedo…Un cine que ha influido en otros directores (sin ir más lejos, por las venas de la recientemente estrenada Revolutionary Road (2008) de Sam Mendes corre mucha sangre Cassavetes), y que entronca con parte de la obra de otros grandes como Bergman o Woody Allen.

        Imprescindible para los amantes del cine de Cassavetes y para los curiosos que quieran acercarse al director de joyas como Opening night (1978).

            Editado en DVD por Avalon en su colección Filmoteca Fnac.